Editorial-El Correo

  • El anuncio de tregua sienta a negociar a EE UU e Irán, con objetivos irreconciliables, mientras Israel descarga su frustración en Líbano

Una desescalada en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán solo puede ser bienvenida, después de 38 días de ataques que han causado miles de muertos, heridos y desplazados, además de incendiar Oriente Medio y provocar una crisis energética mundial. Aunque la persistencia de las hostilidades durante la jornada de ayer solo permite hablar de una tregua frágil, amenazada por golpes iraníes a instalaciones de países del Golfo y, sobre todo, por la redoblada ofensiva israelí contra el sur de Líbano y Beirut.

Dos días después del anuncio de alto el fuego resulta difícil saber qué acordaron exactamente la noche del martes EE UU e Irán, con la mediación de Pakistán, cuando estaba a punto de vencer el catastrófico ultimátum de Donald Trump. La niebla de la guerra da paso ahora a la niebla de la diplomacia. Y previsiblemente mañana en Islamabad se sentarán a negociar el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, y el líder del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, con listas de objetivos irreconciliables. Washington exige a su adversario terminar con el enriquecimiento de uranio, limitar el programa de misiles balísticos y que abra el estrecho de Ormuz a la navegación. Teherán rechaza las dos primeras demandas y se aviene a desbloquear, con condiciones, la estratégica vía marítima, que era de libre uso antes de que estallara el conflicto. El día 21, cuando terminan las dos semanas de pausa operativa, puede ser muy parecido al martes 7, cuando Irán se enfrentaba a la total destrucción prometida por Trump y el republicano, a la consideración de criminal de guerra.

Nada impide a Benjamín Netanyahu entorpecer un entendimiento apenas hilvanado, del que Trump le informó en el último minuto y que, según Irán y Pakistán, incluía a Líbano en el alto el fuego. La de ayer fue la jornada más sangrienta de la campaña israelí contra el sur del país y la capital, ante una Casa Blanca indiferente y con solo un tímido llamamiento al cese de los ataques desde la Unión Europea. Irán puede servirse del ensañamiento de Israel con los libaneses para complicar el desatasco de Ormuz, el verdadero hueso en las semanas por venir. La tregua desató en los mercados una respuesta espectacular pero superficial. La caída del precio del petróleo y la recuperación de las bolsas solo disfrazan la disrupción estructural del comercio energético del Golfo, los daños en las refinerías y en las cadenas de suministros. Y que la guerra solo se ha pospuesto.