Tonia Etxarri-El Correo

El mismo tiempo que empieza la campaña de la Renta y los contribuyentes nos disponemos a saldar cuentas con Hacienda, asfixiados por la pérdida de poder adquisitivo y fritos a impuestos, ha empezado el mayor espectáculo de la corrupción ante la Justicia con dos causas. La ‘Kitchen’, por una chusca operación de presunto espionaje del ministro Jorge Fernández Díaz sobre su propio compañero de filas (Bárcenas), que ya le costó el Gobierno al PP en su día. Y el ‘caso mascarillas’, con el que se enriquecieron, presuntamente, los hombres de confianza del actual presidente del Ejecutivo, con un tráfico de material sanitario, utilizando el poder en beneficio de sus propios intereses y aprovechándose de los tiempos más dramáticos de la pandemia.

De momento, los primeros testigos en el juicio por el tráfico de mascarillas han dejado su impronta de vodevil. Abrieron la vía acusatoria las declaraciones de Jésica, examante de Ábalos (¿prostituta o dentista?), mantenida y colocada en empresas públicas. Pero quien dio el salto hacia el Partido Socialista fue el hermano de Koldo García al decir que él iba a recoger sobres con dinero a la sede de Ferraz.

Cuidado. Menos guasa. Que estas afirmaciones pueden apuntalar indicios sobre la financiación opaca del PSOE. Y el vodevil se puede convertir, en un santiamén, en un ‘thriller’ para el presidente. Ayer, Claudia Montes, otra ex de Ábalos, contó que su trabajo en una filial de Renfe consistía en ir a la biblioteca a leer libros sobre trenes. Y por eso cobraba. Sigamos haciendo nuestra declaración de la Renta. Y vemos que la ‘guardia de corps’ del presidente manejaba y desviaba dinero público, presuntamente, con total normalidad porque se sentían impunes.

Pero el presidente Sánchez se distancia de quienes fueron los ‘arquitectos’ de su victoria en el partido y en el Gobierno. Ábalos tejió una estructura de poder centralizada en torno a La Moncloa, después de haber sido su portavoz en la moción de censura contra Rajoy. Y Koldo fue fiel custodio de sus avales en las primarias que, según la UCO, fueron amañadas. A ninguno de ellos los puede despreciar como si fueran ‘ovejas negras’ porque tanto Ábalos, como Cerdán, estuvieron en el puente de mando por expreso deseo suyo.

La magnitud de esta causa, con la petición fiscal de 24 años de prisión para Ábalos y 19 y medio para Koldo, trasciende a lo político y lo moral. El pasado verano Pedro Sánchez sentenció que en breve se resolverían «muchas de las causas pendientes que tiene el PP y entonces se verá quiénes son los delincuentes de verdad». Pero ya ni el ministro Bolaños se esfuerza en comparar las mascarillas con la ‘Kitchen’.

La pregunta es si esta cadena de acciones presuntamente delictivas está ya amortizada para el PSOE. El coste reputacional de esta degradación se está manifestando ya en las últimas votaciones autonómicas. Podrán intentar desviar el foco con el blindaje del aborto en la Constitución. Otro ‘macguffin’ para la confrontación. Pero de este juicio, las estructuras de La Moncloa quedarán debilitadas. Ni Pedro Sánchez paseándose por China como la némesis de Trump va a conseguir neutralizar el impacto de la presunta corrupción en casa.