Ignacio Camacho-ABC
- A ver si va a ser la Casa Blanca la que cumpla el viejo lema de la extrema izquierda contra la alianza occidental de defensa
Personajes como el comunicador Tucker Carlson o la estrafalaria Candace Owens, bastiones iniciales del trumpismo, se han sumado a los demócratas que invocan la Enmienda 25 para pedir la destitución del líder acusándole de haber perdido el juicio y considerando que el ultimátum de esta semana –el de «destruir una civilización entera en una noche»– constituye una amenaza de genocidio. Claro que la propuesta, además de inviable, conllevaría el ascenso de Vance, que es su epígono más parecido. Pero esa especie de rebelión, a la que se han sumado relevantes figuras republicanas que apoyaron la candidatura desde el principio, revela un quebranto de confianza demostrativo de la acelerada pérdida de prestigio del presidente entre su entorno político.
Trump va a acabar cargando de razón hasta a Sánchez, aunque esto sea lo menos importante; ante una guerra de repercusiones planetarias carece de sentido preocuparse por la posición de un dirigente de rango internacional secundario urgido por sus pésimas expectativas electorales. La inquietud generalizada procede de la evidencia cada vez más notoria de que la Casa Blanca ha extraviado el rumbo y cambia continuamente de planes porque carece de un orden de prioridades, indefinición que está causando estragos económicos y bursátiles además de numerosas víctimas civiles de la indiscriminada violencia de los ataques. Los más optimistas creen que el mandatario anda buscando una excusa para retirarse; los más razonables saben que hace tiempo dejó de escuchar a nadie.
En este momento es imposible adivinar cuál es el objetivo con el que se daría, si no por ganador –eso de todos modos lo hará–, al menos por satisfecho. Sólo Israel tiene un fin concreto y manifiesto, que es el de acabar con su enemigo existencial a cualquier precio. Pero a la vista de que el régimen iraní aguanta, aunque descabezado, Trump necesita algo que pueda vender como un éxito para conjurar el riesgo de perder en otoño la mayoría en el Senado y/o en el Congreso. Su matonismo ha perdido efecto y parece difícil que la opinión pública de su país se conforme con la apertura de un estrecho que ya estaba abierto antes de los bombardeos. Esto es lo que sucede cuando una nación libre decide entregarse a un aventurero excéntrico.