Antonio Jiménez.El Debate
  • Y mientras tanto, Sánchez, callado cual difunto y de risas en un museo de videojuegos, así lo publicitan sus redes sociales constatando que no tiene mucho más que hacer en el día que imitar a Super Mario en una ludoteca, como si el muladar que se juzga en el Supremo no fuera con él

El ‘caso mascarillas’ debiera llamarse ‘caso mordidas’ porque el enriquecimiento ilícito que se juzga en el Tribunal Supremo y que sienta en el banquillo al hombre de máxima confianza de Sánchez en el Gobierno y en el PSOE antes, durante y después de la moción de censura que tumbó a Rajoy y les aupó a la Moncloa, no sólo permitió que José Luis Ábalos y su asesor Koldo García se beneficiaran de la pandemia para hacer caja mientras cientos de españoles morían a diario por el COVID, cosa que hace más reprobable, inmoral y obsceno su proceder presuntamente delictivo. Los testimonios escuchados en el juicio y aún sin entrar la vista oral todavía en el meollo del caso, esto es, los contratos millonarios de mascarillas adjudicados a Soluciones de Gestión, empresa creada al efecto para lucrarse el ministro, el asesor y el comisionista que están siendo juzgados, evidencian el ente corrupto o ‘chiringuito’ para sus negocios en el que devino el Ministerio de Transportes durante su nefasta gestión. Ábalos y compañía lo convirtieron en la agencia de colocación de sus concubinas que cobraban sin trabajar y de conmilitones que las enchufaban fuera de control alguno en empresas públicas como Adif y sus filiales.

Un ministerio que Ábalos , el brazo derecho de Sánchez que cuestionó la decencia de Rajoy al no dimitir por la corrupción del PP, qué insultante paradoja, trocó en un centro de poder con influencia en todo el Gobierno para contratar mascarillas, adjudicar obras públicas, conseguir rescates como el de Air Europa recompensado, según testimonio en sala, con medio millón de euros, y otorgar licencias que permitían operar con hidrocarburos a cambio de «mordidas» en dinero contante y sonante y de chalés en la Costa del Sol, «porque el señor ministro quiere una casa». La degradación ética y estética, además de delictiva, de toda la merdé corrupta en la que se movieron queda reflejada en el hecho de que ese chalet costasoleño en la urbanización La Alcaidesa enganchó la luz y el agua ilegalmente por una órden de Ábalos ejecutada por Koldo en un alarde de piratería que no lo supera Torrente.

La frase de Rajoy dirigida a Ábalos durante el debate de la moción de censura no pudo ser más premonitoria y acertada sobre Sánchez y su banda en vísperas de asaltar la Moncloa: «¿Puede explicarnos en esta cámara con qué autoridad moral hablan ustedes? ¿ Son ustedes acaso Teresa de Calcuta, señor Ábalos?». Y tanto que no lo eran. Ni Ábalos, ni Cerdán, ni Koldo, ni Sánchez, que terminará respondiendo de una financiación presuntamente irregular del PSOE como la que sugieren los testimonios de Carmen Pano acarreando bolsas de dinero negro a la sede socialista de Ferraz y del hermano de Koldo recogiendo sobres con billetes de euros en esa misma sede. Investigación que forma parte de otra causa en la Audiencia Nacional pero cuyas declaraciones han supuesto un misil lanzado desde el Supremo contra la supuesta legalidad y limpieza de las finanzas del partido.

El retrato dibujado después de tres días de juicio es el de un Ábalos, brazo derecho de Sánchez en el partido y en el Gobierno, que nada más aterrizar en el ministerio con mayor presupuesto del Estado se puso al frente de una organización criminal para lucrarse con dinero en efectivo y especies, casa, alquileres y amigas de catálogo, mientras empezaban a deteriorarse los servicios públicos dependientes del departamento como el AVE, Cercanías y las vías férreas ; circunstancia consecuente con las tropelías del jefe máximo, el desdén y la incompetencia como gestores de sus subordinados y el déficit durante años de un mantenimiento rayano en lo punible por lo que se deduce del trágico accidente de Adamuz. Con recordar que Koldo García era consejero de Renfe y Adif no hay razón para pensar, irónicamente, que algo pudiera salir mal en un organismo que adquirió 31 trenes que no entraban en los túneles de Asturias y Cantabria por donde tenían que circular. Pura incompetencia.

Y mientras tanto, Sánchez, callado cual difunto y de risas en un museo de videojuegos, así lo publicitan sus redes sociales constatando que no tiene mucho más que hacer en el día que imitar a Super Mario en una ludoteca, como si el muladar que se juzga en el Supremo no fuera con él.