Editorial-El Correo
- Las frases amenazantes de Trump y las exigencias de Teherán perturban el comienzo de las negociaciones en Islamabad
Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán que deben comenzar hoy en Islamabad, en el marco del alto el fuego de catorce días acordado por ambas partes en términos peligrosamente confusos, llegan precedidas por perturbaciones que en nada contribuyen a aliviar el clima de desconfianza mutua. Ya se conocía que Teherán condicionaba la celebración del encuentro a que la pausa en las hostilidades rigiera también para la ofensiva de Israel contra Líbano. Ayer los iraníes añadieron otra condición, la de ver descongelados miles de millones bloqueados por las sanciones. La conocida impertinencia de Donald Trump contribuyó a enturbiar aún más el clima, al advertir a los delegados persas de que «la única razón por la que están vivos hoy es para negociar». Resulta inevitable percibir la amenaza que contiene esta frase, vistos los asesinatos sucesivos de dirigentes desde que comenzó el conflicto, el 28 de febrero.
La impaciencia del presidente estadounidense por cerrar, de mejor o peor manera, la ofensiva en la que se embarcó con Benjamín Netanyahu revela su desconocimiento, o desprecio, por lo que está en juego en el incipiente diálogo. Puede adivinarse ya su intranquilidad cuando se sucedan los encuentros bilaterales antes de una posible reunión a tres bandas, o incluso entre el jefe de la delegación de EE UU, el vicepresidente JD Vance, y el líder de los enviados de Irán, el responsable del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf. Sería el primer cara a cara entre ambos países desde la Revolución islámica de 1979. Steve Witkoff y Jared Kushner -participantes en anteriores negociaciones que aún no habían concluido cuando ya caían las bombas sobre Irán- saben que las «24 horas» que demanda su jefe deberán ser muchas más en caso de sincera voluntad de acuerdo.
Los obstáculos son monumentales. La situación en el estrecho de Ormuz no ha mejorado desde el comienzo de la tregua, Irán se aferra al control de esta verdadera arma nuclear. La influencia de EE UU y la creciente condena internacional han contenido la furia de Netanyahu en Líbano, que el primer ministro israelí ahora vuelve contra España. La exigencia de resultados inmediatos por parte de Trump quizá pueda abrirse paso mediante un alivio de sanciones que permita a Irán disfrazar la catastrófica situación económica que ya atravesaba antes de la guerra. Lo más decepcionante sería que ambas partes solo pretendieran ganar tiempo para retomar los ataques.