Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Son muchas cosas, ciertamente, y todas muy repugnantes, las que se dirimirán en este juicio y en juicios futuros
A la espera de que el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo nos confirme si el exministro José Luis Ábalos, su exescolta Koldo García y el empresario Víctor de Aldama recibieron comisiones millonarias en la compra de material sanitario durante la pandemia, transcurridas las primeras sesiones del mismo y por lo que ya se sabía de antes, se pueden confirmar comportamientos éticamente reprobables, hechos políticamente inadmisibles y unos cuantos probables delitos por parte de unos presuntos delincuentes cuyos nombres ya conocemos. La cuestión, sin embargo, es que por ninguno de estos hechos ni por otros hechos igualmente graves pendientes de juicio ha asumido ninguna responsabilidad Pedro Sánchez, máximo y principal responsable político.
De momento, las primeras sesiones del juicio ya apuntan la más que posible comisión de los delitos de malversación y cohecho, a la espera de que se confirme el cobro de comisiones por la venta de material sanitario durante la pandemia, que es lo que principalmente se está investigando, o sea, quiénes y cuánto robaron, dado que a quién ya se sabe: al conjunto de los ciudadanos españoles, cosa que debe recordarse especialmente ahora, justo cuando comienza la campaña de la declaración de la renta y debemos pagar nuestros impuestos religiosamente.
Entre las cosas que ya sabíamos y estos días se confirma en boca nuevamente de sus protagonistas, se encuentra el hecho de que por la sede del PSOE pasó dinero cuyo origen podría ser ilícito, hecho corroborado por varios testigos. En concreto, la empresaria Carmen Pano insiste en que llevó a Ferraz, por orden de Aldama, dos sobres con 90.000 euros y que se los entregó a un señor que los esperaba en el interior de la sede, por lo que falta por saber quién es ese señor que recibió el dinero, y si ese dinero sirvió para financiar ilegalmente al PSOE o sólo para lucrar a ciertos miembros del PSOE y pagar ciertos favores. Al parecer, ese dinero habría servido para facilitar la concesión de la licencia de operadora de hidrocarburos para Villafuel, empresa de Claudio Rivas, socio de Víctor de Aldama.
Cobrar sin trabajar
Además, ya sabemos que Jésica Rodríguez, pareja de Ábalos entre 2018 y 2019, cobró 43.978 euros de las empresas públicas Ineco y Tragsatec, donde la enchufó presuntamente Ábalos, sin realizar en todo ese tiempo ningún tipo de trabajo, cosa que, según ella, el exministro y exsecretario de organización socialista durante todo ese tiempo, conocía «perfectamente». Por estos hechos, el fiscal Anticorrupción aprecia un delito de malversación, lo cual se dirimirá a lo largo del juicio.
Además, Carmen Pano y su hija Leonor González Pano, exnovia de Aldama, afirman que el chalet de La Alcaidesa (Cádiz) que la trama le ofreció a Ábalos para que lo disfrutara con su familia fue una contraprestación por intermediar en la licencia de hidrocarburos concedida a Villafuel. Por lo que cuentan, Ábalos quería una casa como contraprestación a sus gestiones, por lo que le entregaron un chalet de lujo como solución habitacional que disfrutó apenas unos meses, hasta que fue cesado como ministro. Aquí el fiscal observa cohecho.
«Son muchas cosas», como reza esa genial camiseta que venden en el Rastro madrileño. Muchas cosas que dan mucho asco: tráfico de influencias, malversación de dinero público, comisiones millonarias por favores concedidos a empresas, empresas públicas utilizadas para favorecer a los amigos y a las amigas, reuniones secretas, contubernios y prostitución, entre otras. Todas las cuales se han podido producir porque Sánchez, por acción o por omisión, las ha fomentado, hecho posible o permitido. Ábalos fue quien tomó la palabra para intervenir en nombre del PSOE en la moción de censura que criticó la corrupción del PP y llevó a Sánchez al poder. Ábalos no es un cualquiera sino símbolo y representación del sanchismo. Él fue su mano derecha antes y después de llegar a la Moncloa, tanto en el PSOE como en el Gobierno de España.
Aún no lo sabemos todo, pero ya se saben muchas cosas que, junto con las que se intuyen y veremos cómo se concretan, dan forma al escándalo de corrupción que afecta directamente al PSOE y al Gobierno de España, en cuya cúspide se encuentra un tal Pedro Sánchez. Por ello este no es sólo ni principalmente un juicio a los trapicheos de Ábalos y sus compinches, sino al sanchismo en su conjunto y al propio Sánchez. Son muchas cosas, ciertamente, y todas muy repugnantes, las que se dirimirán en este juicio y en juicios futuros; de hecho, demasiadas como para que Sánchez siga sin asumir responsabilidades políticas. No, no las asumirá en absoluto. Y no las asumirá porque tal vez su cargo de presidente lo protege de posibles responsabilidades penales que podrían llevarlo a la cárcel.