Pedro Chacón-El Correo
El ‘Guernica’, o sea el cuadro de Picasso de ese nombre, le ha dado a Euskadi –término concebido en su día solo por el nacionalismo y hoy asumido por la mayoría como si no hubiera otro– el relato de toda su historia contemporánea. Que se dice pronto. Y quizás más todavía, el ‘Guernica’ es la metáfora, la representación simbólica de lo que significa la idea motriz del nacionalismo vasco desde su mismo origen.
Pero lo más maravilloso de todo es que fue un español como Picasso, inspirándose en el bombardeo de la villa foral y titulando su cuadro ‘Guernica’, quien proporcionó al nacionalismo el mayor símbolo cultural de su historia, con el que poder proyectar su ensoñación de que hubo una guerra entre vascos y españoles. Los nacionalistas no quisieron que la fama mundial del ‘Guernica’ simbolizara solo la denuncia por el asesinato indiscriminado que trae consigo una guerra, sino también el lamento por la posibilidad de que su ideología, y con ella su patria, quedara destruida.
Y aunque fue Picasso mismo quien convirtió su cuadro en el símbolo universal de la paz y del ‘no a la guerra’, el nacionalismo siempre buscó en él su propio relato. Más que la salvaguarda de la paz, lo que vio el nacionalismo en el cuadro fue la salvaguarda de un pueblo tal como ellos lo conciben, separado por completo de una España que fue capaz de bombardearlo para mantenerlo sojuzgado y oprimido.
Ese relato es el mismo que explica el origen de ETA. El de la Euskadi sojuzgada y oprimida por España y con el ‘Guernica’ como símbolo. Pero por mucho que Franco ayudara a mantener el relato, el dictador murió en 1975 y ETA siguió hasta 2018. Aitor Esteban, ante el peligro de que EH Bildu pueda ganarle al PNV las próximas elecciones, insiste en que se trata de dos proyectos diferentes, aunque el pueblo vasco del que hablan ambos sea básicamente el mismo. Claro, el pueblo vasco es el mismo y la mitología es la misma, aunque unos celebren el Aberri Eguna en Bilbao y otros en Pamplona. Hablamos del mismo Aberri Eguna, de la misma patria de los vascos, de la misma interpretación que justifica el relato y con el mismo ‘Guernica’ como referente por antonomasia.
Ahora quieren traerlo para conmemorar el noventa aniversario del periodo que cambió la historia del nacionalismo. Lo del mal estado del cuadro lo dan por supuesto. Utilizar eso como excusa lo atribuyen al españolismo cicatero de cuatro técnicos. Creen que Sánchez podrá cambiar de opinión, como ha hecho tantas veces y que se lo dejará por ese tiempo. Y seguro que sí, que por él se lo dejaba, salvo por una razón: que en ese periodo habrá elecciones generales y Sánchez ahí no va a tomar ningún riesgo. Mucho es lo que el ‘Guernica’ ha hecho por Euskadi. Mucho lo que le ha dado. Me gustaría saber qué es lo que los nacionalistas estarían dispuestos a darle ellos al ‘Guernica’ a cambio.