Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- En la planta séptima de Génova 13 todavía no han interiorizado que España se encuentra en una crisis existencial
El espectáculo denigrante al que estamos asistiendo desde que empezó el juicio de las mascarillas y de las novias a título lucrativo en el Tribunal Supremo anuncia que el futuro político (sin descartar el penal) de Pedro Sánchez y su banda de saqueadores se presenta más bien oscuro. Algunos están entre rejas a la espera del banquillo y otros ya se aposentan en tan incómodo lugar. Con dos secretarios de organización en la cárcel y la cónyuge investigada por delitos varios, hay que disponer de un manual de resistencia verdaderamente extraordinario para creer que el horizonte va a despejar y que la posibilidad de reproducir la actual mayoría teratológica en 2027 es real.
Por tanto, la única posibilidad de salvación que tiene el renovador de colchones monclovitas está en que los dos partidos llamados a configurar la alternativa cometan errores de bulto o se autodestruyan. No sería la primera vez que en un encuentro deportivo decisivo el equipo más fuerte que sale al campo como virtual ganador acaba siendo derrotado debido a una táctica inadecuada o por rencillas entre los jugadores que impiden la indispensable coordinación y búsqueda de la victoria por encima de lucimientos personales.
Aunque todas las encuestas independientes auguran una mayoría sólida del espacio liberal-conservador, existe todavía y no termina de resolverse un doble problema que podría dar al traste con el cambio de color político que España necesita en las próximas elecciones generales para seguir existiendo como Nación. El primero es que en la planta séptima de Génova 13 todavía no han interiorizado que España se encuentra en una crisis existencial de extrema gravedad porque está gobernada por sus enemigos que aspiran a que desaparezca como vector histórico identificable y como matriz común de derechos y libertades. Siguen en la inercia de que el péndulo ahora se desplaza hacia su turno de gobierno y se comportan como si la situación crítica que atravesamos no fuera tal, sino que los alarmantes acontecimientos que vivimos todos los días formasen parte de la normalidad de la confrontación democrática. Así, ni el contenido de su discurso ni su vocabulario ni sus gestos ni su lenguaje corporal reflejan la coyuntura límite en la que nos debatimos, ventaja que aprovecha el magma socialista-comunista-separatista-filoterrorista que maneja el país para mantener anestesiada a la opinión pública mediante propaganda masiva, señuelos a granel, subidas de pensiones alimentadas con deuda y subvenciones sin freno. Por tanto, una medida absolutamente recomendable es que el PP se ponga las pilas y refuerce su núcleo pensante estratégico con aportaciones más concordantes con la dureza de la realidad que nos envuelve.
La podredumbre de La Moncloa
El segundo problema radica en que la cúpula (más bien minarete como diría Miguel Herrero de Miñón) dirigente de Vox, cuyos planteamientos sí responden por lo menos en la intensidad y en el tono a las serias amenazas que se ciernen sobre España, su unidad, su orden constitucional y su pervivencia misma, considera que su prioridad es sobrepasar al PP y no limpiar La Moncloa de la podredumbre que la habita desde hace ocho años. Este enfoque distorsiona significativamente su relación con su obligado socio y descorazona a muchos votantes. La culminación con éxito de acuerdos de gobernabilidad en Extremadura, Aragón y Castilla y León es un requisito insoslayable para dar moral a los millones de ciudadanos que confían en que pronto se liberarán de la pesadilla que les vacía los bolsillos, maleduca a sus hijos, abandona el mantenimiento de infraestructuras básicas con resultado trágico, nos sitúa al lado de las peores compañías en el plano internacional y destruye la clase media para convertirnos en un rebaño de ovejas dependientes y sin criterio. Además, no se sabe por qué razón el reducido grupo de máximos responsables de la organización ha entrado en un frenesí de purgas a mansalva en el que han sido expedientados o expulsados un llamativo número de militantes destacados, casi todos ellos personas de probada valía, buena formación y rigor en el desempeño de sus funciones. Abascal y sus inmediatos colaboradores, eufóricos por su buena marcha en las encuestas, han de tener presente que la política es la actividad en la que más rápido se sube y más velozmente se cae. Los ejemplos de UPyD, Ciudadanos y Podemos, entre otros, nos recuerdan la volatilidad del voto y cómo se puede pasar de la gloria a la nada en un tiempo muy corto. Hay dos cosas que la gente detesta en un partido, que se revele inútil para el propósito por el que le votan y que se consuma en luchas intestinas.
Ahora que Sánchez agoniza ahogado por sus traiciones, sus corruptelas y su incompetencia, sería muy triste que reviviera no por sus méritos, que son tan inexistentes como abundantes sus deméritos, sino porque sus oponentes en el momento en que han de ofrecer lo mejor de sí y demostrar sentido de Estado, responsabilidad, ambición y altura de miras, se dediquen a pegarse tiros en los pies.