Editorial-El Correo

  • La apelación a los valores democráticos daría mayor relevancia a la visita de Pedro Sánchez a China para equilibrar el comercio bilateral

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva a cabo su cuarta visita a China en los últimos cuatro años, una recurrencia inédita en sus predecesores. Durante este viaje, además de una cumbre con el presidente Xi Jinping, mantendrá encuentros con el primer ministro, Li Qiang, y el presidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular, Zhao Leji. En esta ocasión, las autoridades chinas han elevado el rango diplomático de su visitante, de manera que también han invitado a su esposa, Begoña Gómez, y al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

Los objetivos de la cita son tres. Primero, el económico. El déficit comercial bilateral, lejos de equilibrarse gracias al reiterado acercamiento de los últimos años, se ha elevado a la cifra récord de 42.000 millones de euros. Por ello la delegación española tratará no solo de aumentar las exportaciones en los sectores tradicionalmente bien posicionados en los intereses del gigante asiático -como el agrícola y el manufacturero-, sino también de abrir nuevos mercados y actuar de enlace entre los socios europeos y Pekín. En segundo lugar, se espera reforzar la cooperación en cultura y educación, con el estímulo, entre otros capítulos, del aprendizaje del idioma español.

En un periodo crítico para el mundo como el actual, el tercer objetivo es geopolítico. Desde su regreso a la Casa Blanca, el impulso de Donald Trump a la desarticulación del orden internacional basado en reglas culmina de momento con la guerra emprendida junto a Israel contra Irán. Un conflicto en el que la posición de Sánchez ha distanciado a España de cualquier participación o asistencia a Washington en acciones ofensivas, por cuestionar la legalidad de los ataques. El mismo fundamento con el que La Moncloa censura la sangrienta incursión de Benjamín Netanyahu en Líbano. El presidente apuesta por un entendimiento multipolar, mediante acuerdos pragmáticos con distintas regiones y países.

En lo inmediato, el acercamiento a Pekín resulta práctico. Se expone, a la vez, a críticas sobre la coherencia de los principios del Gobierno. Ni China ni la mayoría de países de Oriente Medio son democráticos, no preconizan los valores europeos. Por esa razón, defender estos principios ante sus anfitriones en Pekín concedería un especial significado a la presencia de Sánchez.