Pablo Sebastián-Vozpópuli
- Feijóo no dice gran cosa y se pone de perfil mientras pide, el iluso, que Sánchez dimita por el procesamiento de Begoña
Ha dicho el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a propósito de la imputación de su esposa Begoña Gómez: ‘Lo que pido a la Justicia es que haga Justicia’. Le faltó añadir: ‘Y lo que debe hacer el ministro de Justicia es presionar a la presidenta del Consejo General del Poder Judicial -como ha ocurrido- para que el CGPJ sancione al juez Peinado’, que está a punto de decretar la apertura de juicio oral con jurado popular. Mientras, en el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional, continúa el juicio por corrupción de los tres acompañantes de Sánchez en su ruta del Peugeot.
Lo que tenía que hacer el jefe de la Oposición y líder del PP Alberto Núñez Feijóo es presentar de manera inmediata en el Congreso de los Diputados una moción de censura contra Sánchez ante el conjunto de los españoles, por grave espectáculo de la corrupción política y familiar que habita el palacio de La Moncloa. Porque, aunque la pierda, eso sería para Feijóo ejercer sin cortapisas el liderazgo de la Oposición.
Elogios del mandarín
Y aunque solo fuera para poder demostrar que el líder del PP existe y no es el capitán de un fantasmal submarino azul, el Gaviota III, con el que este gallego de turno pretende seguir el rumbo hacia La Moncloa que marcaron José María Aznar y Mariano Rajoy. Pero en su caso sin dar un palo al agua y mientras Sánchez se pavonea desafiando a Trump y Netanyahu en Pekín (en compañía de su esposa) recibiendo elogios del moderno mandarín Xi Jinping al que Sánchez reconoce su reclamación de Taiwán, como ya hizo con Marruecos en el Sáhara Occidental.
Feijóo es un misterio envuelto en un enigma y camino de una sorpresa que confía que lo llevará a la presidencia del Gobierno de España con el apoyo de Vox. O, vaya usted a saber, si del PSOE a cambio de un indulto a futuro de Begoña o de proponer al Sánchez, ‘pacifista’ fuera y ‘beligerante’ dentro, para ocupar un puesto destacado en la UE o en la OTAN.
De ahí que no le parezca prudente presentar una moción de censura y después pedirle que le deje gobernar. Sobre todo cuando falta por saber qué va a pasar con Vox y Abascal. Los que parecen haber frenado su ascenso vertiginoso y comenzado una caída electoral, tras la derrota en Hungría de su aliado y financiador Viktor Orbán. Y cuando Vox ha salido en defensa de Meloni y criticando a Trump. El que fracasó enviando a Budapest a su vicepresidente J.D. Vance para apoyar la campaña electoral de Orbán.