Iñaki Unzueta-El Correo

  • Un bien social, el empleo público, no debe ser distribuido entre personas con capacitación lingüística solo por el hecho de poseerla

En 1971 John Rawls publicó ‘Teoría de la justicia’, donde consideraba la posibilidad de un orden democrático razonablemente justo. Rawls se preguntaba por los principios apropiados para regular las desigualdades y definir derechos y libertades. Para ello, propuso un experimento mental donde los ciudadanos deliberan sobre los principios de justicia de una sociedad bien ordenada, sin conocer su posición social, talentos o fortuna. Con el velo de la ignorancia que garantiza la imparcialidad, Rawls dice que se alcanzarían los siguientes acuerdos: Primero, derecho a libertades básicas iguales. Segundo, igualdad equitativa de oportunidades, de modo que las desigualdades nunca operarían en contra de los menos favorecidos, esto es, las rentas de los más favorecidos no podrían aumentar si disminuyeran las de los menos favorecidos. Así, la justicia como equidad establece lo político como un dominio distintivo que puede ganarse el apoyo de las distintas visiones del mundo y ser el foco de un consenso entrecruzado.

En 1983 Michael Walzer publicó ‘Las esferas de la justicia’, en el que abordaba la cuestión de la justicia desde una perspectiva opuesta a la de Rawls. Rawls intentaba desde un enfoque universalista separar las cuestiones de justicia de las visiones globales del mundo, situar los yoes entre paréntesis (color, religión, identidad…) para encauzar el diálogo en tanto que ciudadanos. Walzer, desde una perspectiva comunitarista, señala que las visiones del mundo no pueden quedar al margen de las cuestiones de justicia. «El hecho es, simplemente, que hemos fundado una comunidad a fin de hacer frente a las dificultades y peligros que no podríamos encarar solos», dice Walzer. La persona se desarrolla a través de círculos de contención -asociaciones, clubes, iglesias- y el Estado nación es la última frontera de contención de la identidad.

Las personas desarrollan identidades concretas por el modo en que conciben, crean y distribuyen bienes sociales como la seguridad, el empleo, el bienestar, el dinero, la salud, el descanso, la educación o el poder político. Cada bien social es una esfera autónoma que se rige por criterios derivados del significado social que la comunidad le ha asignado. Según Walzer, cuando los bienes se distribuyen de conformidad con el significado que la gente de una comunidad les ha asignado, la distribución es justa. Por ejemplo, en un país con un Estado del bienestar desarrollado la atención médica se distribuye según criterios de igualdad y necesidad y la cirugía estética, como mercancía que puede comprarse y venderse en el mercado. Por tanto, entre esferas deben existir intercambios obstruidos: el dinero no puede comprar poder político, decisiones judiciales, seres humanos o derechos de matrimonio y procreación.

La igualdad compleja reconoce la pluralidad de principios de justicia. Cuantas más esferas contenga una sociedad mayor será la igualdad compleja. Si garantizamos que se haga justicia en cada esfera particular, podremos alcanzar la igualdad global. Ahora bien, como he señalado, la igualdad compleja exige intercambios obstruidos, los bienes obtenidos en una esfera no pueden intercambiarse por bienes en otras esferas. La igualdad compleja significa que la posición de un ciudadano en una esfera o con respecto a un bien social no puede ser menoscabada por su posición en otra esfera. Un bien social (empleo público) no debe ser distribuido entre personas que poseen otro bien social (capacitación lingüística), por el solo hecho de poseerlo, sin tener en cuenta el significado conferido al primero.

En el sistema educativo del País Vasco, al euskera se le ha conferido una significación valiosa y singular. Es la lengua vehicular del aproximadamente 83% del alumnado escolarizado cuando el 70% de ellos ni lo entiende bien ni lo utiliza habitualmente. Ahora, se quiere dar un paso más, de modo que para acceder al empleo público sea necesario el conocimiento del euskera. La invasión de la esfera del empleo público convertiría al euskera en un bien dominante: sus hablantes tendrían la capacidad de utilizarlo para obtener bienes de otro tipo. La colonización de esferas daría lugar a la convergencia de las clasificaciones de la población en las diversas esferas de distribución: un segmento dominante en distintas esferas y una infraclase, la mayoría de ellos inmigrantes, con bajos niveles educativos y empleos duros y precarios.

Aunque no comparto las ideas comunitaristas, la tesis de la colonización de esferas es una forma de crítica inmanente que interpela al nacionalismo por su afinidad con el comunitarismo. Si el propósito es aumentar la cohesión y la convivencia, los dispositivos institucionales deberían impedir la colonización de esferas: la posición dominante en una esfera no debe conllevar privilegios en otras.