Iñaki Ezkerra-El Correo
- Abascal se saca del bolsillo una caquita para dárnosla como si fuera un pastel
Es la expresión que ha puesto tristemente de moda Vox para marcar paquete ideológico y condicionar su apoyo al PP en las investiduras de Guardiola y Azcón en Extremadura y en Aragón: la ‘prioridad nacional’. Abascal dice que es legal eso de andar dando ventajas en las prestaciones sociales, empleo y servicios públicos a los españoles, pero es algo que va, si no contra la letra, contra el propio espíritu de la Constitución. Y va contra ese espíritu partiendo del hecho de que quienes ya tengan papeles, aunque sea de manera reciente, ya han entrado en un proceso de integración que podrá culminar en la nacionalidad española, pero a los que, mientras tanto, no es de recibo mirar con lupa y andar refrotándoles por las narices que aún no han accedido a esa condición. La prioridad nacional es un concepto que no aporta, en ese contexto ya marcado por unas pautas legales, más que un factor de chovinismo sobreactuado y antipático, discriminatorio, racista, vidrioso y crispador. Es, en fin, una caca que Abascal se ha sacado del bolsillo para dárnosla como si se tratara de un pastel, pero que, en mi sincera opinión, se la puede guardar para su consumo privado.
Feijóo ha intentado sortear el regalito apelando al arraigo, un concepto que ya se halla implícito en el propio proceso de acceso a la nacionalidad, pero que, desprendido de este y de sus actuales cauces administrativos, sería igual de inquietante al pasar de ser legal a discrecional. En ese sentido tiene razón Ayuso cuando duda de la constitucionalidad de ese extraño principio. El artículo 14 de la Constitución consagra la igualdad de los españoles ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión a cualquier otra condición personal o social. Una morcilla como la que Vox ha logrado meter en sus pactos autonómicos con el PP no es inocua. Crea una inadmisible inseguridad jurídica a quienes han iniciado el deseable camino de integrarse como miembros en la comunidad nacional.
Hasta ahora hemos hablado del dudoso encaje de ese concepto en el ordenamiento legal, pero el asunto da para más. En el plano político, moral y emocional, la prioridad nacional es una perversa acuñación léxica diseñada para dañar la convivencia y fomentar el odio visceral a la inmigración. Creo que Vox se equivoca yendo por ese camino y que ese odio ha tocado ya su techo electoral en un país en el que, para bien y para mal, la tradición y la cultura cristianas tienen su peso y no está bien visto aborrecer al que carece de medios. Se puede y se debe plantear con racionalidad el debate sobre la acogida migratoria, pero la apelación a las vísceras contra los parias de la tierra es, como digo, una caquita que mejor no pisar.