Javier Fernández Arribas-El Correo
- La inmigración es un asunto delicado por la manipulación política de dirigentes sin escrúpulos que lo utilizan para beneficio electoralista
Se amplían las treguas entre Estados Unidos e Irán y entre Israel y Líbano, aunque se producen algunos ataques. En estas circunstancias de incertidumbre, los precios oscilan, suben y bajan, y se presenta una situación muy complicada y peligrosa para las economías de todo el mundo. Por los precios del petróleo y el gas, y también por los fertilizantes que amenazan con originar hambrunas en las regiones más pobres del planeta.
En medio de tanta estrategia y tácticas discutibles, Ucrania dispone ya del crédito de la Unión Europea de 90.000 millones, tras el cambio de gobierno en Hungría. En Chipre también, el Consejo Europeo debatió cómo garantizar su propia seguridad y defensa sin depender de Estados Unidos. Y en el ámbito de la estabilidad europea, la inmigración es un asunto delicado y complicado por la manipulación política grosera de dirigentes sin escrúpulos que lo utilizan para beneficio electoralista. El miedo que se crea artificialmente tiene el caldo de cultivo de la pésima gestión de numerosos responsables en los diferentes gobiernos europeos.
No se aborda de manera clara y leal el fenómeno de la inmigración, que para Europa es una necesidad teniendo en cuenta la caída de la natalidad, los trabajos a realizar y otros factores relevantes, pero también es una necesidad que sea un proceso regulado, controlado, que evite el oportunismo político y electoral y que las personas que lleguen respeten las leyes y, a su vez, sean tratadas como seres humanos.
Además, si estos inmigrantes reciben ayudas, que resultan evidentes para su sustento, hay que exigir compromisos y obligaciones. No es aceptable que una familia reciba una subvención por cada hijo y que no esté obligada a demostrar que esos hijos se forman, estudian, trabajan y no entran en la delincuencia. En el caso de personas de religión musulmana hay que evitar con todo el rigor y firmeza posible la llegada de los radicales, la expansión de ideas promovidas por organizaciones como los Hermanos Musulmanes que buscan la desestabilización y el desorden y que son origen de grupos terroristas.
Un ejemplo, en Francia, en el suburbio de Sena-San Denís, donde se entrecruzan las complejidades demográficas con las ambiciones del islam político, la celebración del ‘Encuentro Anual de los Musulmanes de Francia’ no fue solo una victoria legal frente a la decisión inicial de prohibición; también fue una ventana reveladora de una «infiltración silenciosa» ejercida por redes de los Hermanos Musulmanes en el viejo continente.
Detrás de la fachada del encuentro cultural y religioso se detectaron lo que podría describirse como un «zoco del extremismo»; donde algunos libros se mezclaban con una ideología transnacional. Es un peligro grave.