Ramón Tamames-ABC
- ¿Es esta la mejor manera de Trump de celebrar los primeros 250 años de vida de su país? No es el hombre providencial que pueda resolver cualquier clase de conflictos a su manera
Estados Unidos cumple este 2026 los 250 primeros años de su vida desde que terminó la guerra de independencia de las trece colonias, que se inició en 1776 en la costa este de América del Norte. Al surgir la nueva nación, el conde de Aranda, embajador de España en París –donde estaba teóricamente el centro de máxima ayuda a la referida emancipación colonial–, manifestó que el mero hecho de haber elegido el nombre de América como el ámbito de Estados Unidos suponía plantear que la nueva república se expandiría sin fin. En vez de haberse producido una cierta coalición hispano-inglesa, para impedir la autoproclamada independencia, lo que se abrió fue la idea de emancipación inevitable de la América española, superando cualquier idea de gratitud por la ayuda española a los nacientes Estados. El nuevo país fue posible gracias a los recursos económicos y humanos facilitados por el Rey Carlos III, con las aportaciones de Diego María de Gardoquí en lo financiero y en lo militar por parte de Bernaldo de Gálvez, con la batalla victoriosa de España en Pensacola o el bloqueo del Misisipi, entre otras aportaciones de la Corona.
Unas décadas después de la proclamación de independencia, iniciada con la frase «We the people…», los discípulos de George Washington expresaron claramente las ambiciones de los Estados Unidos con la ‘Doctrina Monroe’ de 1824: «América para los americanos»… pero sólo de los nuevos Estados Unidos, claro, no los demás, que pasaron a ser el ‘backyard’ (el patio trasero) de la América antes española, que decía Bolívar. Incluso la nueva moneda americana fue resultado de la adopción del dólar, basándolo en el real de a ocho español.
En una sucesión histórica lógica, con la guerra contra España en 1898, Estados Unidos adquirió Cuba (de facto), Puerto Rico y Filipinas, además de los grandes archipiélagos de las Marianas, las Carolinas, etc., y con ello el rango de primera potencia del mundo, considerándose el país elegido. Se supone que de la mano de Dios, lo mismo que, con Yahvé, sucedió a Israel en tiempos bíblicos. Situación esta que se reforzó a continuación con la denominada ‘Pax Americana’ de los presidentes Wilson y Roosevelt (Franklin Delano), creadores, respectivamente, de la Sociedad de Naciones y de las Naciones Unidas.
El gran hegemón universal, que ya eran los gringos invasores de no importa qué, no quiso asumir la función de transformar las Naciones Unidas en un sistema democrático multipolar, con la supresión del llamado derecho de veto de los cinco grandes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido), según lo previsto en el propio texto fundacional de la ONU. Pero no, han transcurrido más de ocho décadas desde el lejano 45 y seguimos igual, o peor, porque el presidente Trump en su segundo mandato se ha cargado literalmente el orden internacional previo: al no respetar la soberanía de cada país, ha afectado a la organización conjunta de las reglas del comercio internacional, al sistema de seguridad colectivo (Tratado de no proliferación), a la ayuda al desarrollo y a la difusión de la paz como el mayor objetivo humano. En esas circunstancias arbitrarias, en vez de un gobierno mundial multipolar, Trump quiere hacerse con nuevos territorios: Groenlandia (comprándosela a Dinamarca) y Canadá como Estado número 51 de la Unión, al menos eso sugirió nada más llegar de nuevo al Despacho Oval provocando la perplejidad de su vecino. Ha retomado el control del canal de Panamá, decidiendo sobre paz y guerra en el resto del mundo: Gaza, Venezuela, Cuba, Irán, Líbano, y otros casos menores.
El ‘American First’ y el ‘Make America Great Again’ (MAGA), son la nueva doctrina Monroe de Donald Trump para todo el planeta. Y para cubrir ese propósito y esos objetivos con los trámites previos, ya ha pedido al Congreso 1,5 billones de dólares de ampliación del presupuesto para este 2026. A partir de ahora, el seguimiento de la agenda de Trump cabe sintetizarlo rápidamente en una serie de puntos concretos:
—Guerra de Ucrania. Se inició el 24 de febrero de 2022, en una decisión tomada por el presidente ruso, Vladímir Putin. Poco antes de volver Trump a la Casa Blanca, en las elecciones de noviembre de 2025, dijo aquello de «eso lo arreglo yo en veinticuatro horas». Va para año y medio de esa promesa y la cosa giró de mal a peor.
—Represalias de Israel por los atentados de Hamás, organización terrorista palestina, el 7 de octubre de 2023. La intervención de represalias israelí facilitada por Estados Unidos tuvo como consecuencia unas 60.000 víctimas, casi todas civiles, y tras meses y meses de matanzas se llegó a una tregua, pero sin definir el estatus futuro de los gazatíes. Habrá nuevas masacres.
—Ataque de Israel a Hizbolá y guerra de Washington contra Irán, teóricamente para acabar con el régimen de los ayatolás. Lo que en realidad se ha convertido en una auténtica pesadilla para todo el mundo, pendiente del estrecho de Ormuz y de los 440 kilos de uranio enriquecido por Irán, con las peores repercusiones internacionales: inflación, tal vez recesión, insuficiencia energética, altos precios de los alimentos, etc. Quedan otras cuestiones pendientes en las que también Trump dirá algo para tratar de imponerse: cómo incorporar Taiwán a la República Popular de China y, los conflictos en el área del Pacífico, de los que el anterior presidente del gigante asiático, Hu Jintao, manifestó que «es suficientemente grande como para que quepamos todos». Meras palabras y situación cada vez más tensa, sin propuestas de solución.
En poco más de un año y medio que le queda como presidente de Estados Unidos, Trump no podrá resolver los temas reseñados. Con toda su brutalidad y alegalidad, no es el hombre providencial que pueda resolver cualquier clase de conflictos a su manera. Sus aspiraciones, con grandes costes humanos y económicos, quedarán en situaciones efímeras, con consecuencias hoy difíciles de medir y mucho más complicadas de superar. ¿Es esta la mejor manera de Trump de celebrar los primeros 250 años de vida de su país? ¿Qué piensan en Pekín? Eso sí, China cada vez va a pesar más en la esfera sideral de nuestras vidas.