Luis Ventoso-El Debate
  • Dice que Ayuso y Almeida se habrían puesto del lado de los franceses en 1808, curiosa observación cuando la izquierda española es claramente antipatriota

La impetuosa Mónica García, de 52 años e hija de un hogar de izquierda caviar madrileña, es una médico que lleva años sin ejercer, porque la política resulta menos fatigosa que el hospital y te permite chupar más foco. Además ha resultado una ministra liante, que siendo del gremio ha provocado con su soberbia intransigente una huelga de médicos de nunca acabar. Se han suspendido ya 2,7 millones de intervenciones quirúrgicas, para suplicio de «la gente» a la que dice proteger.

Consciente de que el marido de la emprendedora Gómez enfila la cuenta atrás, Mónica quiere recolocarse rápido, a fin de mantener su nómina en la política y no tener que volver a embutirse en la bata blanca. Ha tomado nota de la astuta Irene Montero, que de no haberse incorporado rauda a la carrera de la Eurocámara podía haber acabado haciendo croquetas en la Taberna Garibaldi de su Pablo Manuel. La agencia de colocación de Mónica es intentar convertirse en la candidata de Más Madrid contra Ayuso, para garantizarse así un escaño-sueldo de cerca de 90.000 euros al año en la Asamblea.

Mónica ha lanzado su campaña regional estando todavía en el Ministerio. Con motivo del 2 de mayo ha propinado un estacazo a sus adversarios del PP madrileño. En un ejercicio de historia-ficción, ha dicho que el 2 de mayo de 1808, Ayuso y Almeida se habrían puesto de lado de los invasores franceses y no con los quienes se levantaron contra ellos.

No sé qué tal será la todavía ministra en el campo de esa Medicina que nunca ejerce, pero como historiadora parece complicado que logre ganarse el condumio. En 1808, los «progresistas» de entonces eran los que se pusieron del lado del gabacho, en la idea de que Napoleón traería «la modernidad». El pueblo llano, tradicionalista, monárquico y católico, fue el que dio la batalla en defensa de la independencia de España. Así que, admirable Mónica, los que seguramente os habríais echado en brazos de Pepe Botella habrías sido tú, Rita, Yolanda, Urtasun, Ada… y toda la izquierda populista española, porque uno de vuestros rasgos distintivos es una desoladora carencia de patriotismo.

El mayor problema de España no es la inmigración, o la vivienda, o la enorme deuda, o lo rezagados que estamos en la impresionante revolución de la IA, aunque todas esas son cuestiones muy relevantes. Nuestro desafío capital es el separatismo, porque si ellos ganan simplemente no tendremos ya nada que arreglar, dado que no habrá país.

¿Y cómo se hace frente a un independentismo que al abrigo de la felonía de Sánchez sigue avanzando implacable hacia la construcción de sus miniestados? Pues se lo combate fortaleciendo la nación que ellos aspiran a cuartear, que se llama España. Lo cual requiere un inmenso esfuerzo educativo, cultural y político, que a la izquierda simplemente le repugna. Por eso abominan del partido más dispuesto a dar esa pelea, que es Vox, aunque esté despistándose un poco en tan crucial materia debido a su actual monotema migratorio. Y es que el PP, en un serio error de juicio, se ha declarado dispuesto a mantener líneas abiertas con PNV y Junts, partidos manifiestamente antiespañoles.

Personas como Mónica García, que ha nacido en la capital de España y ha vivido en ella encantada durante toda su vida, sienten aversión a todo lo que les suene a su nación: su historia, la defensa de su lengua, su bandera, sus símbolos, la Corona… Con una empanada notable y muy nociva equiparan el patriotismo español con Franco, como si España no hubiese existido muchísimo antes y mucho después. La izquierda populista de otros países europeos al menos se muestra leal a su país, no abraza acomplejadamente al separatismo.

Me temo que si operase la máquina del tiempo y pudiésemos regresar a mayo de 1808, en los grabados de Goya veríamos a una afrancesada Mónica García renegando de su país y haciéndole la rosca al mariscal Murat, en lugar de unirse a las fuerzas heroicas de Daoiz y Velarde, demasiado españolistas para su paladar. ¿Y es que cuándo han defendido la idea de España los partidos Sumar, Podemos, Más Madrid…? Es fácil de resumir: nunca. No les gusta. Y así les va.