Jesús Cacho-Vozpópuli

  • El IX marqués de Paúl no va a poder seguir diciendo a sus cada vez más escasos amigos que la casa-palacio de Los Llanos es suya

«El miércoles por la noche hubo fiesta en la Dehesa de los Llanos, Albacete, uno de los mayores latifundios de España (11.000 has) creado por José María de Salamanca y Mayol, I marqués de Salamanca y I conde de Los Llanos, con Grandeza de España. Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Altuna, 69, Carlitos para la familia, IX marqués de Paúl, título nobiliario creado por el rey Felipe III, obsequiaba con una cena a sus amigos Juan AbellóAlberto Alcocer y Felipe Benjumea. Por la mañana habían abatido cientos de perdices en una de las fincas preferidas por el rey Juan Carlos I, escopeta habitual en Los Llanos, para tal menester. El riquísimo cuarteto celebraba las buenas noticias llegadas a tierras albaceteñas sobre lo ocurrido 24 horas antes en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM)…» Es el inicio de la columna («La Justicia a través del espejo de la fortuna Larios«) publicada en Vozpópuli el 21 de septiembre de 2014. El conflicto que enfrenta al actual marqués de Paúl (en lo sucesivo Carlos Altuna) con Bárbara Kalachnikoff y sus hijas Christina y Bárbara Gutiérrez-Maturana-Larios Kalachnikoff, contiene todos los ingredientes para merecer una de esas millonarias películas de Hollywood o una exitosa serie de televisión. Amor, dinero, celos, incesto, venganza y tribunales por doquier. Todas las pasiones capaces de cobijarse en el alma humana resumidas en una saga familiar. Un drama clásico, digno del mejor Dostoyevski. La obsesión de Altuna por hacerse con el control de la fortuna Larios («cuando cumplía condena de kátorga en Siberia, Fiódor conoció a un joven llamado Ilinski que había sido condenado por asesinar a su padre para convertirse en heredero»), arrojando a la pobreza a su madrastra y hermanastras, ha dado lugar a tres décadas de lucha en los tribunales, con la intervención del Supremo y del propio Constitucional. 22 años después de la muerte de su padre, Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Pries, VIII marqués de Paúl, el sol de Carlitos Altuna se aproxima a su ocaso: la Audiencia de Madrid acaba de abrirle diligencias penales acusado de cargar «de forma sistemática» elevados gastos privados al grupo de empresas familiar integradas en el holding Mazacruz.

La existencia de Carlos Pries, «don Carlos», casado en primeras nupcias con Julia Altuna, con la que tuvo dos hijos (Carlitos y José Antonio), no hubiera pasado de ser la clásica vida de un rico aristócrata español de no haberse tropezado en su camino con Bárbara Kalachnikoff, una soberbia belleza española de origen ruso de la que se enamoró perdidamente, con la que se fue a vivir de inmediato, principio de los setenta, y con la que tendría tres hijas: Alejandra -fallecida en 2002-, Christina y Bárbara Gutiérrez-Maturana-Larios Kalachnikoff. Decir que esta aventura trastocó las bases emocionales, incluso morales, del primogénito Altuna no sería cierto. La historia de los conflictos de Carlitos con el patrimonio de la familia Larios viene de lejos. En junio de 1987, su abuela paterna, María del Pilar Pries y Gross, viuda de José Antonio Larios y Franco, IV marqués de Larios y III marqués del Guadiaro, de quien heredaría la fortuna Larios, escribe a su nieto una durísima carta, «Querido Carlitos, como sabes, la generadora moral y material de la masa que constituye nuestro patrimonio he sido yo. De esta masa (…) he hecho partícipes a mis descendientes (…) entre los cuales te encuentras tú, que desde tu nacimiento has disfrutado de una extraordinaria situación de bienestar que en último término sólo a mí debes. Ahora, ante tu indigna actitud he decidido prohibirte terminantemente la entrada en la finca de Los Llanos amparada en mi derecho que como usufructuaria legal de la misma me corresponde. Con esta fecha traslado a tu padre el contenido de esta carta (…) para, en beneficio de todos, prevenir una tragedia familiar que desde hace dos años estás propiciando. Tu abuela, Pilar».

También su padre se dirige a él en términos parecidos («creo oportuno que dejemos de vernos hasta que cambies tu actitud. Por tanto, deberás cesar en tus visitas a Los Llanos hasta que yo diga lo contrario»). Las contestaciones de Carlos son frías, desafiantes incluso, de plena ruptura. Una respuesta a su «Estimada abuela» con una sola frase: «Queda con Dios. Tu nieto, Carlos». Y otra a su padre, «Querido papá», del mismo tenor: «Hasta que Dios quiera. Tu hijo, Carlitos». Expulsado de la familia en 1987 y sin recursos para mantener su alto nivel de vida, Altuna convence a un administrativo de la finca para hacer desvíos de dinero a su nombre con ocasión de la compra de maquinaria agrícola e insumos varios. La trama se descubre cuando el vendedor de una cosechadora denuncia por falta de pago a su abuela Pilar, que reacciona presentando la primera querella contra su nieto, año 1991. El procedimiento se cerrará después de que, asustado por las posibles consecuencias, Carlitos devuelva parte del dinero, no sin antes dejar constancia de un patrón de conducta que desplegará toda su exuberancia tras la desaparición de su padre en el comportamiento típico del cacique terrateniente español del XIX, convencido de poder hacer su real voluntad sin cortapisa de ninguna clase, con el respaldo de sus poderosos amigos madrileños, el rey Juan Carlos a la cabeza, y la benevolencia de los jueces de la Audiencia Provincial de Albacete. Un patrón que explica el alejamiento de la modernidad de una España dominada por terratenientes latifundistas ajenos a la revolución industrial que modernizó Europa en el XIX, una España carente de grandes capitales industriales con vocación inversora y emprendedora.

¿Cómo reconquistar el corazón de su padre y volver a enlazar con la fortuna Larios? Acercándose a Bárbara Kalachnikoff. Y tanto se acercó Carlitos a su madrastra que ocurrió lo irremediable. Lo relata la aludida en una carta fechada el 6 de octubre de 2011: «Ahora me doy cuenta de cuál fue tu reacción a la falta de química entre tu padre y tú. Manipulándome tenías acceso pleno a tu padre y a su entero patrimonio. Por eso empezaste a cortejarme, a tratar de darme celos, en un juego al que no supe anticiparme y que desembocó en el inicio de nuestra relación amorosa en Nueva York en febrero de 1987, y que continuó en Los Llanos con las visitas nocturnas que me hacías aprovechando que tu padre y yo dormíamos en habitaciones separadas». El descubrimiento de la humillante situación llevó a don Carlos a expulsar, una vez más, de la familia a su primogénito y a su segunda mujer, y a otorgar testamento en el que desheredaba a ambos por adúlteros, además de iniciar los trámites de separación de Bárbara, con la que se había casado a principios de los ochenta.

Tras abundantes lágrimas de arrepentimiento, el patriarca terminará perdonando a su hijo (también a su esposa), creyendo haberle metido en vereda de una vez por todas. Son los años noventa (1993–1994), a partir de los cuales el conflicto se traslada casi en exclusiva al terreno patrimonial. Logrado el perdón, Altuna pasa a gestionar la fortuna de su padre, y una de sus primeras decisiones consiste en contratar a Price-Waterhouse para proceder al diseño de un holding empresarial capaz de aglutinar el patrimonio familiar al completo, simplificando el hecho sucesorio en caso de fallecimiento del cabeza de familia. Nació así Mazacruz SL, una compañía de cartera titular de participaciones mayoritarias en varias sociedades (Salsa Agrícola SL, Dehesa de Los Llanos SL, Azucarera Larios SA, entre otras). Carlos Pries, que durante años avaló cuantos documentos le fueron presentados a firma, la mayor parte de las veces sin una mínima lectura previa, lamentaría años después la «confianza ciega» depositada en su primogénito.

El clímax de este drama shakesperiano llegó con ocasión de una crisis cardiaca sufrida por don Carlos en mayo de 2000. Creyéndose sin títulos que le garantizaran el futuro, Altuna orquestó un plan consistente en hacer firmar a su padre, ingresado en la Ruber Internacional de Madrid y sedado, un documento de donación a su favor de cerca del 30% del capital social de Mazacruz. Inmediatamente después, y en un episodio que recuerda la trágica muerte del presidente del Banco de Vizcaya, Pedro Toledo, obligó a sus hermanastras a firmar en plena calle y sobre el capó de un coche una serie de documentos mientras se preparaba un avión medicalizado que debía trasladar a Houston al enfermo para ser intervenido, amenazándolas con no dejarles subir al avión si no firmaban. Fue así como Christina y Bárbara rubricaron la concesión de un voto que otorgaba valor quíntuple a cada una de las acciones que Altuna se había hecho donar por su padre moribundo.

Pero, milagro, don Carlos se recuperó de la crisis cardiaca y, de regreso en España, decidió abandonar el alcohol y pasar revista al estado de sus empresas, para descubrir, auditoría mediante, que su arrogante hijo no había hecho otra cosa que endeudar al Grupo con un tren de vida inasumible (avión privado, servicio, chóferes, fiestas y restaurantes caros con sus amigos Abelló, Alcocer y compañía). En junio de 2001, don Carlos decidió apartar definitivamente a su primogénito de la familia y de la dirección de un grupo de empresas que amenazaba con la suspensión de pagos, episodio en el que el aristócrata contó con el asesoramiento de abogados de tanto lustre -y tan caros- como Matías Cortés y Ramón Hermosilla. Pero Altuna, en lugar de achicarse, lanzó un órdago a su progenitor presentándole en 2003 una demanda en la Audiencia de Albacete en la que le exigía el reconocimiento de la donación por él efectuado con motivo de la crisis cardiaca. Carlos Pries se querella entonces por estafa contra su hijo y otorga nuevo testamento para asegurar el futuro de su mujer e hijas.

En su declaración como testigo ante el Juzgado de Instrucción n.º 14 de Madrid, febrero de 2004, con motivo de esa querella, don Carlos reconstruye la secuencia de enfrentamientos familiares con su hijo, su marcha a Madrid, la falta de respeto y los movimientos de dinero que colocan al grupo al borde de la quiebra. «Yo tenía mucha confianza en él y me engañó. Fue un engaño tremendo». Pero el titular de la fortuna Larios fallece poco después de interponer la querella, año 2004, y el pleito se sobresee. Para desgracia de Bárbara y sus hijas, la estructura societaria acaba configurando a Carlos hijo como socio de control con la venia de la Audiencia de Albacete, donde este lince manchego ganaba todos los pleitos que le interponían su madrastra y hermanastras. A pesar de que Bárbara (28,81%) y sus hijas (23,36% cada una) controlan la mayoría del capital social de Mazacruz, Altuna cuenta con el 61,85% de los derechos de voto en la Junta gracias al valor múltiple de sus participaciones. El IX marqués de Paúl les margina a partir de entonces de la gestión del grupo y adopta cuantos acuerdos en solitario le placen. Tiene al resto de accionistas atrapados en un negocio que retrocede mientras el señorito se rodea de asesores, se mueve en avión privado entre Madrid y Albacete, y cuando llega a la casa-palacio de Los Llanos se hace dar la bienvenida por el servicio colocado militarmente en doble fila a la entrada.

A Barbara Kalachnikoff y a su hijas no les quedó más opción, tras vencer la resistencia de Altuna, que intentar un arbitraje de equidad para resolver el conflicto crónico. El procedimiento arbitral se resolvió mediante laudo de abril de 2017, en el cual el árbitro único dispuso «con efectos inmediatos la disolución de Mazacruz SL, la apertura del periodo de liquidación, el cese en su cargo de los administradores y la extinción de los poderes de representación», nombrando liquidador independiente y valorando el conglomerado empresarial en 615 millones. Carlitos se revolvió contra la decisión del árbitro interponiendo demanda de anulación ante la Sala de lo Civil y Penal del TSJ de Madrid que, en sentencia de enero de 2018, sorprendentemente le dio la razón. Bárbara y sus hijas reaccionan en julio del mismo año presentando recurso de amparo ante el Constitucional, que en sentencia del 15 de junio de 2020 declaró la nulidad de la del TSJ de Madrid y ordenó retrotraer las actuaciones ante ese tribunal para resolver de forma respetuosa con los derechos fundamentales vulnerados de las demandantes. ¿Se acabó la historia?

No, porque, acorralado, Carlos Altuna tira de su hermana Christina aprovechando su precaria situación económica y le ofrece un sueldo mensual a condición de que le apoye en su imposible cruzada. Le promete ‘heredar’ a cambio de la traición a su madre y hermana. Le ofrece dinero, por supuesto no de su bolsillo sino de la empresa, siempre que le ayude a mantenerse en un trono cada día más frágil. Conservado en alcohol, a Altuna le han abandonado casi todos sus antaño poderosos amigos, concernidos por la edad y por sus propios problemas. Y el rey Juan Carlos ya no está para mediar más que ante el Altísimo. Christina es el último clavo al que trata de aferrarse, pero tan desesperado está el antaño galante marqués de Paúl que ofrece la entrada en su reino de humo a su secretaria, a su gestor bancario, a su abogado y hasta a su masajista. Sic transit.

También Christina regresará al lado bueno de la historia, junto a su madre y su hermana. La querella interpuesta en julio de 2025 contra Altuna por Bárbara madre y Bárbara hija es el último capítulo de esta saga/fuga. Es la tercera -tras la de la abuela Pílar en los ochenta y la de su padre en los dos mil- pendencia judicial interpuesta por su propia familia, a querella por generación. En ella se alude a «la conducta delictiva llevada a cabo de forma sistemática y continuada» del aristócrata, «en su calidad de socio de control y administrador efectivo del Grupo Mazacruz», al que ha venido gestionando «en su exclusivo interés y beneficio personal». El juzgado de instrucción nº 34 de Madrid la rechazó inicialmente, pero la Audiencia Provincial y el Ministerio Fiscal especialista en delitos económicos ha ordenado investigar al menos la administración desleal, apuntando a compras de bienes de uso privado con fondos sociales, auto concesión de retribuciones y otros gastos ajenos al interés societario. Por delante, la inminente ejecución del laudo arbitral y la desaparición de un grupo que, bien gestionado por manos profesionales, podría haber llegado a valer varios miles de millones de euros. En su enésima maniobra, Altuna modificó los estatutos de Mazacruz para mantener el control en el proceso de liquidación haciendo valer la dinámica de su voto múltiple, pero también esa maniobra desesperada fue tumbada el año pasado por la Audiencia de Madrid. Se acerca la hora de la definitiva victoria de Bárbara Gutiérrez-Maturana-Larios Kalachnikoff, una corajuda mujer que se negó a rendirse ante Carlitos y el poderoso establishment que durante décadas le rodeó. Y la hora de la derrota para Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Altuna. El IX marqués de Paúl no va a poder seguir diciendo a sus cada vez más escasos amigos que la casa-palacio de Los Llanos es suya.