Ignacio Camacho-ABC
- Quizás algún día se conozcan los avances científicos sobre el coronavirus derivados de las generosas donaciones al partido
La declaración de Koldo sobre las ‘chistorras’ no fue una respuesta espontánea. Ocurrió durante el interrogatorio de su defensora y a una pregunta específica de ésta, es decir, que se trataba de una afirmación intencional, cuidadosamente premeditada. Y teniendo en cuenta que la financiación irregular del PSOE no forma parte del sumario enjuiciado, sólo podía formar parte de una estrategia, de una amenaza o de una venganza. Revancha de un sentimiento de abandono, amago de tirar de la manta o táctica de colaboración con la justicia en busca de una petición de pena rebajada, lo que en el lenguaje popular moderno se diría ‘hacerse un Aldama’. En cualquiera de los casos, una manera de decir que sabe algo de importancia, algo que vale tanto si calla como si habla.
Dos días antes, el exgerente del partido había negado con rotundidad, incluso con vehemencia, el manejo de billetes de quinientos euros. La letrada Leticia de la Hoz se cuidó de dejar claro el valor nominal de los supuestos ‘embutidos’ que su cliente mencionaba en los mensajes intervenidos en su teléfono, maniobra procesal que entra en contradicción flagrante con el testimonio de Mariano Moreno y deja el crédito de su relato en serios aprietos. El citado Moreno, apartado del cargo en Ferraz tras la caída de Ábalos, es hoy presidente de la empresa nacional de uranio, Enusa –la compañía donde había aterrizado también la ‘fontanera’ Leire Díez– con un cuarto de millón anual de sueldo. La lealtad sanchista siempre tiene premio.
Lo merecía: en tres años al frente de la gestión financiera socialista disparó los ingresos de tesorería. En plena pandemia logró triplicar las donaciones privadas para ‘la investigación del covid’, lo que convertía a la organización en formidable mecenas de la epidemiología. Hacía magia recaudatoria: con la población confinada y la economía en colapso obtuvo más dinero que en el anterior ejercicio, en el que se celebraron unas elecciones municipales y dos generales consecutivas. Eso sí, a veces se olvidó de algunos detalles legalistas. El año de los polémicos sobres entregados a Koldo y su familia el partido tenía 232 cuentas bancarias no registradas en el tribunal encargado de fiscalizar la teneduría de las formaciones políticas.
La existencia de eventuales irregularidades de caja no forma parte de la causa en juicio, aunque la deducción de testimonios parece inevitable. Hay una pieza separada abierta en la Audiencia Nacional, aún en sus fases preliminares. Pero el Gobierno tiene el calendario a su favor porque no habrá juicio antes de que la legislatura acabe. Y por si surgieran indicios alarmantes, los socios ya han retrocedido unos pasos –hasta caso de sentencia firme, ha dicho Maíllo– su famosa línea roja retráctil. El oficialismo está construyendo un discurso preventivo para blindarse ante la posibilidad de que Koldo o Aldama hablen. Igual un día sale Fernando Simón a informar de los avances científicos sobre el coronavirus derivados de esa generosa aportación contable.