Editorial-El Correo
- Los MIR que aspiran a echar raíces donde trabajan necesitan un puesto interesante para prosperar y, a la vez, un destino atractivo para vivir, en el que la vivienda no sea un lastre
El programa promovido por Osakidetza para rejuvenecer y fidelizar a su plantilla busca el arraigo de los nuevos médicos cuando finalicen su formación como internos residentes (MIR) en Euskadi, a quienes ha mejorado el sueldo en 2.500 euros hasta llegar a los 59.194 de salario base anual. La medida pretende también atraer a los jóvenes facultativos de otras comunidades, con el fin de mantener el balance de fichajes en positivo y compensar la falta de sanitarios, sobre todo en determinadas especialidades. No debería extrañar que la captación de profesionales en la red pública esté sometida a los rigores del mercado laboral, viendo la fuerte competencia autonómica por hacerse con sus servicios. Los incentivos de Castilla y León, los complementos de Andalucía, los contratos de larga duración en Extremadura, las ayudas a la conciliación en Aragón y las mejoras salariales de Cantabria para quienes ejerzan en Atención Primaria revelan la dura pugna para contratar médicos. Pero como pasa en otras profesiones vocacionales y dadas a la movilidad, los MIR que aspiran a echar raíces donde trabajan necesitan un puesto interesante para prosperar y, a la vez, un destino atractivo para vivir, en el que la vivienda no sea un lastre.