Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Los sinsorgos que aún creemos que los Presupuestos, además de ordenar las cuentas, son una responsabilidad y un compromiso gubernamental, somos unos merluzos
Hay varias maneras de eludir los compromisos adquiridos por los diferentes Gobiernos y olvidarse de las deudas contraídas. La más tosca consiste en no pagarlas. Es contundente, pero muy eficaz. En segundo lugar y aprovechando que el dinero es un bien fungible, hay otro sistema que consiste en dedicar a eliminarlas con dineros que, inicialmente, estaban previstos para otros menesteres. Y, por último, también es muy útil el recurso al sobreendeudamiento. Es decir, a endeudarse de nuevo, para pagar las deudas antiguas.
Bueno, pues enfrentado a la colosal deuda que mantiene España -que crece y crece sin desmayo ni alivio-, el Gobierno que nos ¿gobierna? ha decidido utilizar las tres vías a la vez. Es genial, porque así se reparte entre ellas el impacto y se nota menos.
El primer método, el de no pagar, lo aplica a las deudas contraídas con motivo del cambio en la regulación de las energías renovables. Viene de lejos, incluso de antes de Pedro Sánchez. El Gobierno liderado por José Luis Rodríguez Zapatero y luego el de Mariano Rajoy cambiaron, de la noche a la mañana, la retribución que podían esperar y esperaban alcanzar las inversiones realizadas en los parques solares en España.
Y claro, eso molestó a los inversores, poco comprensivos con que los cambios regulatorios modifiquen, a medio partido, las condiciones de los acuerdos. Así que desde entonces se han dedicado a presentar arbitrajes en todo el mundo, fundamentalmente en los Estados Unidos, que España ha perdido uno tras otro. Hasta tal punto de que, cansados del agravio, han iniciado a la desesperada la localización y el ‘apresamiento’ jurídico de bienes españoles.
En total, con intereses, la cifra supera ya los 2.000 millones de euros y su naturaleza es de lo más variada. Va desde edificios propiedad del Instituto Cervantes a dineros para la compra de material de defensa, pasando por los Falcon que usan en sus desplazamientos el Rey y el presidente. Ya sé que eso de quitarle a Sánchez el Falcon es de una crueldad intolerable, pero no se olvide de que esta gente está muy enfadada y, además, no tiene corazón. No les importa incluso que, al final, el presidente Sánchez se vea obligado a montarse en alguno de los AVE que mantiene, con su celo habitual, el siempre discreto Óscar Puente.
El segundo método consiste en usar dinero de los fondos europeos, previstos para financiar inversiones tasadas, con el fin de reducir el agujero de las pensiones. Ahora nos explicamos cómo se ha conseguido ese gran logro, tan bien publicitado, del aumento de la hucha de las pensiones. El asunto ha sido destapado por el propio Tribunal de Cuentas español y ha suscitado la inmediata curiosidad de las autoridades de Bruselas. La prensa alemana ya lo califica de «absolutamente inaceptable» y, a poco que se pongan severos en indagar el origen y el destino de los fondos, el tema traerá cola. Aunque de momento, las autoridades comunitarias han salido en ayuda de Madrid, al aclarar que se pueden cambiar los destinos, si se hace de manera temporal. Habrá que recuperarlos…
El tercer mecanismo es emitir más deuda. Aquí es necesario retorcer un poco más las reglas presupuestarias pero, bien retorcidas, dan para mucho. Solo en 2025, dio para 77.000 millones de euros, que es la bonita cifra en la que ha aumentado el gasto público, tras la sonora ‘espantá’ de unos Presupuestos que no han sido aprobados, entre otras razones porque no han sido presentados.
Si al final de tanta historia, ese es el resultado, si da igual disponer o no de Presupuestos porque aquí se sigue gastando sin recato ni mesura, usted me dirá para qué sirve tanto afán y tanto trabajo. El Gobierno tiene toda la razón. Los sinsorgos que aún creemos que los Presupuestos, además de para ordenar las cuentas constituyen un ejercicio de responsabilidad y un compromiso gubernamental, somos unos merluzos, tan tontos como Abundio.