Ignacio Camacho-ABC

  • El tropiezo de Juanma Moreno abre un nuevo escenario que pondrá a prueba los principios moderados de su liderazgo

Insuficiente. Juanma Moreno tropezó por exceso de confianza con el listón de su propio éxito. La proporción de andaluces partidarios de un mayor grado de contundencia ideológica en su Gobierno ha resultado ser más alta que la estimada por los sondeos, y el avance de la extrema izquierda autóctona ha hecho el resto. Y como en la política actual las expectativas son determinantes, el escrutinio convierte en gatillazo una distancia sideral de 18 puntos sobre el segundo partido y 27 sobre el tercero. Así es porque la frontera de los 55 diputados representaba de hecho la única incógnita del recuento. Nadie ponía en duda su continuidad en San Telmo; era su margen de maniobra, su autonomía de decisión, lo que estaba en juego. Ha salido cruz y ahora deberá negociar con Vox un acuerdo que le complicará la vida –el ‘lío’ al que aludía en la campaña– y servirá a Sánchez para solapar el rotundo fracaso de María Jesús Montero, capaz de excavar el suelo histórico de un PSOE en pleno retroceso.

Los socialistas sólo tenían en estas elecciones un objetivo y ni siquiera dependía de ellos mismos. Pero se ha cumplido aunque no hayan hecho nada ni avanzado un palmo para conseguirlo. Sin estructura ni cohesión, empujados por la extrema izquierda, retrocedidos desde su antigua hegemonía hasta un espacio sociológico exiguo, se conforman con usar la fragmentación del espectro conservador como botella de oxígeno con la que salir de cuidados paliativos. Ansiaban el crecimiento de Vox para lanzar a toda máquina su aparato propagandístico: el relato de la ultraderecha rampante y el sometimiento del PP a los dictados programáticos del populismo. Combustible para la hoguera de la polarización, argumentos para la estrategia del ruido, subterfugios para ignorar el castigo, ladrillos para el muro del cisma cívico. Y coartadas para una derrota sin atenuantes que demuestra la incapacidad congénita del sanchismo a la hora de levantar un proyecto distinto al de la estimulación sobreactuada del conflicto banderizo.

A partir de hoy se abre para Moreno un escenario poco grato. La derecha radical no parece inclinada a facilitarle la investidura sin pactos, y tendrá que sudarlos para que le permitan el gabinete monocolor a que le da derecho moral su abrumador predominio en votos y escaños. En esa negociación se verá hasta qué punto está dispuesto a renunciar a los principios de moderación y transversalidad que han sustentado sus anteriores mandatos. En concreto, el polémico concepto de prioridad nacional se perfila como el principal obstáculo para firmar un trato en una comunidad de fuerte peso agrario donde la inmigración desempeña un papel esencial como fuerza de trabajo. La peligrosa tentación de la repetición electoral puede sobrevolar el diálogo sin ninguna garantía de que no vuelvan a fallar los cálculos. El reto involucra también a Feijóo porque afecta a su propio modelo de liderazgo. Entre ambos tendrán que calibrar si existe una vía alternativa de cambio que no pase por dejarse atar las manos.