Editorial-El Correo
- Moreno debe salir de su zona de confort si quiere gobernar en solitario, mientras el PSOE tiene que reaccionar tras encadenar cuatro repliegues de poder territorial
El día después de las elecciones en Andalucía aboca a los principales partidos a moverse, si aspiran a sortear el lío en el que les ha metido el resultado electoral. La intención de Juanma Moreno de liderar un gobierno en solitario, anunciada ayer para remarcar su amplia mayoría -suma más escaños que las tres opciones de izquierdas juntas y saca 38 parlamentarios de distancia a Vox-, revela sus profundos recelos a depender de las imposiciones populistas. Ya sabe lo que supone una atadura de esa naturaleza porque la sufrió en su primer mandato hasta el punto de tener que adelantar los comicios por el veto al presupuesto de los ultras, entonces su incómodo socio parlamentario. En aquella ocasión, año 2022, le salió bien y absorbió al electorado de Ciudadanos. Ahora, pese a ganar 150.000 votos, no tanto.
La pérdida de la mayoría absoluta obligará al barón popular a salir de su zona de confort, si quiere asegurarse una investidura en la que la abstención o el apoyo de la ultraderecha parece esencial , aunque chirríe en su estilo moderado. No tiene otro aval al alcance de la mano, salvo un improbable acercamiento a unos socialistas que caen en barrena. Es una maniobra imposible para la dirección del PSOE en su estrategia de demonizar la alianza de las derechas, sin reparar en que aglutinan ya cerca de un 50% de todos los votos en las últimas cuatro convocatorias autonómicas, con el pico del 56,5% logrado en Andalucía. Los de Santiago Abascal no van a dar el ‘sorpasso’ al PP, como ha sucedido en otros países europeos en los que la extrema derecha supera a partidos conservadores tradicionales. Pero condicionan los gobiernos del PP y su gestión en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Está por ver su impacto en la comunidad andaluza, donde un choque enquistado entre Moreno y Vox podría desembocar en una repetición electoral.
La llamada a levantarse del sofá -en expresión de la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, para animar a la participación- emplaza sobre todo a los socialistas a reaccionar. Han encadenado cuatro repliegues de poder territorial. Con una capacidad de influencia cada vez más limitada, merman las posibilidades de remontada en unas generales a las que Sánchez fía su suerte. Además, la opción que ha progresado a su izquierda, Adelante Andalucía, es la más despegada del PSOE. Y el siniestro total con el que María Jesús Montero ha saldado su aterrizaje andaluz es la peor señal para los ministros-candidatos Óscar López y Diana Morant, en sus futuros pulsos en Madrid y la Comunidad Valenciana.