Editorial-El Debate
  • España no se merece este colapso moral que deteriora su democracia hasta extremos desconocidos

La imputación de Zapatero por tres graves delitos es sin duda impactante, pero nunca inesperada: será o no delito, pero es una certeza que ha actuado de lobista, intermediando entre empresas y gobiernos como el de España y, se sospecha, los de Venezuela, China, Guinea e incluso Marruecos.

Sin necesidad de elucubrar, ya está demostrado que la misma compañía que gestionó el rescate millonario de Plus Ultra con dinero público le pagó alrededor de la mitad de su comisión a él y a sus hijas, de manera más que sospechosa. Porque esa empresa, representada en apariencia por Julio Martínez, no tenía actividad, ni personal, ni currículo y, sin embargo, fue la «elegida» por la aerolínea, sin duda porque contaba con las relaciones políticas de Zapatero con Pedro Sánchez y sus ministros.

Ya hace años que El Debate reveló el expediente secreto de esa operación, que liberó 53 millones de euros a una empresa hispanovenezolana que no cumplía los requisitos legales y carecía de aviones propios y hasta de viajeros. Y, en el presente, destapó también los encuentros de Zapatero y Martínez en El Pardo, muy poco antes de que la Policía Nacional detuviera al segundo y estallara por los aires el negocio del primero.

Queda mucho por conocerse en una historia que excede de lo relativo a Plus Ultra e incluso a Venezuela, pero lo conocido ya es suficiente para concluir que Zapatero se ha enriquecido mediando con la Administración y que ésta le ayudó en ese viaje. Y esto es lo importante. Porque si Zapatero ha podido ser un conseguidor es por la complicidad de la Moncloa, sin cuya participación nunca hubieran prosperado intereses vinculados a decisiones políticas.

Esa sintonía es especialmente escandalosa e intensa en otros frentes que, más allá de Plus Ultra, exigen explicaciones de todos los implicados, ante la duda de que los intereses de Zapatero en varios países hayan condicionado incluso las decisiones geopolíticas de Sánchez.

En todo caso, lo de Plus Ultra es en sí mismo de una máxima gravedad, pues plantea la sombra de una inmensa operación de blanqueo de dinero con ramificaciones en España, Venezuela y Suiza y apunta en la dirección de vergüenzas similares en varios escenarios, con los mismos o parecidos protagonistas.

Si a este bochorno se le añaden todos los conocidos en el PSOE y en el entorno personal de Sánchez y se le suma el bloqueo del Gobierno y las derrotas electorales en cascada, la conclusión es obvia: España no se merece este colapso moral que deteriora su democracia hasta extremos desconocidos.

Sánchez debe dimitir y devolver la voz a los ciudadanos. Y sus aliados, para no ser también sus cómplices, deben exigírselo. España no aguanta ni un minuto más este hundimiento sistémico, corrupto y repugnante.