Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Mi apuesta: lo más probable es que la moción de censura se gane en votos, sobre todo si se plantea para convocar elecciones pronto. Pero aun perdiéndose en votos, nunca ha sido tan fácil alcanzar un triunfo político

El único argumento atendible para no presentarla es simple: no hay suficientes votos para triunfar. Atendible, digo. Luego se reflexiona un momento y se comprende que las ventajas superan en mucho a los inconvenientes. Uso el plural porque al argumento «no llegan los votos» cabe unirle pequeños argumentos adyacentes y dependientes. Se resumen en el supuesto refuerzo con que Sánchez saldría de una moción de censura no victoriosa. A partir de ahí, como decía, todo son ventajas. Veremos las principales, no sin antes descartar la teoría del refuerzo: ya nada refuerza a Sánchez. Pero, sobre todo, el arte de la política incluye el don de convertir una moción de censura técnicamente perdida en una gran victoria. El modelo de la moción de Felipe González sigue simbolizando esa forma de entender el parlamentarismo. La única posible y digna aquí y ahora. Un duelo tan largo –y con toda seguridad tan mediático– lo ganará políticamente quien aporte más y mejores razones.

Feijóo tiene la oportunidad de armar un discurso excepcional. Desafiando a un presidente en tan precaria situación, la paliza verbal dará sus dividendos en elecciones. Eso, perdiendo la moción, como da por hecho el PP. Pero es que puede ganarse. En una tesitura como la presente, la manera de optimizar las probabilidades de ganar no pasa por negociaciones previas con los aliados de Sánchez. Pasa por colocarlos ante el vértigo de decidir. Sí o no. Donde «no» significa avalar la montaña de escoria que lastra a Sánchez en modo de corrupción de su entorno enterito. La caída en desgracia de la pieza ZP lo decanta todo. ¿No se han dado cuenta de que, por primera vez, aliados políticos y mediáticos de Sánchez marcan distancias? He ahí el efecto de un auto magníficamente construido, de la dimensión internacional del caso, de la gravedad de los delitos que se imputan, de la inconfundible sensación de final. Es un hasta aquí hemos llegado. Sírvale el PP la disyuntiva, por las bravas, al PNV, a Junts, a Esquerra. Y mírenlos fijamente.

Avalar a Sánchez es contaminarse. Ya es bastante vergonzoso tenerlo ahí encaramado cuando no puede hacer más que pagar los peajes para conservar el cargo. Año tras año es incapaz de aprobar los Presupuestos, limitación que en circunstancias normales bastaría para forzar al presidente a disolver las Cortes y convocar elecciones. Pero, desde el auto que despertó a Zapatero de su loca impunidad, todo se ha precipitado. Existe una previsión cierta, casi segura, acerca del electorado de los chantajistas de Sánchez (es decir, de sus socios): le pasarán factura política a sus partidos. Una cosa es sacarle los higadillos a ese tipo dispuesto a vender España y otra renovar los votos matrimoniales con el centro de una esfera de corrupción. Mi apuesta: lo más probable es que la moción de censura se gane en votos, sobre todo si se plantea para convocar elecciones pronto. Pero aun perdiéndose en votos, nunca ha sido tan fácil alcanzar un triunfo político.