Román Sudupe Olaizola-El Correo
Exdiputado general de Gipuzkoa
- ¿Por qué la organización política heredera de aquellas que daban por buenas las acciones de ETA no es capaz aún de reconocer el daño?
La imposibilidad de atender positivamente la invitación recibida para asistir al acto conmemorativo del 25 aniversario del asesinato de Santi Oleaga por ETA y, como sustitución, la propuesta de escribir un artículo al respecto me ha desvelado el sueño lo suficiente como para redactar lo que sigue.
Primero. Soy de los que consideran que nuestra esencia personal nos trasciende, y que mínimamente perduramos en este mundo en tanto que seamos recordados. Considero también que aquellas personas que por diversas circunstancias dejan una huella en nosotros, más allá de ser conscientes de ello, permanecen en nuestro interior. En consonancia con el sentido que según los Evangelios de Mateo (8,22) y de Lucas (9,60) le da Jesús a la muerte y, por ende, a la vida, considero asimismo que podemos estar muertos en vida.
Segundo. En el sentido expresado, a los asesinados por ETA, en función del grado de conocimiento y cercanía para con ellos, a algunos -además de llevarlos a todos ellos dentro de nosotros- los tenemos presentes. Es esta presencia viva de Santi la que motiva el acto que hoy se le ofrece.
Tercero. Todas las personas a las que ETA mató en los periodos y territorios en los que ejercí como la máxima autoridad de las instituciones para los que fui elegido -el Ayuntamiento de Azkoitia y la Diputación Foral de Gipuzkoa- están presentes en mí. Se me hace imposible olvidar a los que fueron mis vecinos José María Piris (de 13 años), Ramon Baglietto, Justino Quindós, Elio López, Julio Muñoz y José Larrañaga, así como a Ramon Oñederra, asesinado en Hendaya por los GAL, y a Javier Larrañaga, muerto en Baiona por un disparo en la cabeza. Todos ellos permanecen presentes en mí y forman, de alguna manera, parte de mí.
Lo mismo digo con relación a los guipuzcoanos -además de Santi Oleaga- Enrique Nieto, Fernando Múgica, Ramón Doral, Isidro Usabiaga, Eugenio Olaciregui, Francisco Arratibel, Francisco Javier Gómez, Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoiena, Manuel Francisco. Zamarreño, José Luis López de Lacalle, Juan María Jáuregui, José María Korta, Manuel Indiano, Ramón Díaz, José Angel Santos, Josu Leonet, Iñaki Totorika, Froilán Elespe, Mikel Uribe, Ana Isabel Arostegi, Francisco Javier Mijangos, Juan Priede y a Joseba Pagazaurtundua. En los días coincidentes con los que fueron asesinados, sus familiares y allegados tendrán un recuerdo especial hacia ellos. En este día en el que honramos a Santi Oleaga, vaya también mi más sentido recuerdo y reconocimiento a cada uno de ellos y un abrazo a sus familiares.
Cuarto. ¿Por qué la organización política heredera de aquellas que daban por buenas las acciones de ETA, habiendo evolucionado políticamente tanto que ha pasado de rechazar el sistema político -hasta el extremo de no participar en las instituciones representativas- a ser los más fieles sustentadores del Gobierno español, no es aún capaz de reconocer el error que supuso la continuación de ETA más allá de la aprobación de la Ley de la Amnistia en octubre de 1977, así como el daño tanto material como espiritual -con la pérdida de valores como la convivencia y el respeto a la dignidad humana- que supusieron las acciones de ETA en nuestro país?
Quinto. ¿O es que aún no son conscientes del grave perjuicio que para el desarrollo empresarial de Euskadi supusieron los asesinatos de los industriales Angel Berazadi, Jose Mari Korta e Inazio Uria; los secuestros de José Luis Arrasate, José Cruz Larrañaga, Julio Iglesias Zamora, Jose Mari Aldaia y Cosme Delclaux Zubiria, y las incontables cartas de extorsión económica que, para el sustento de ETA, prodigaron en nuesto país?
Sexto. ¿Supuso algún beneficio -incluso para los propios presos de ETA- el trato tan inhumano que recibió durante su secuestro el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, tal como reflejaba su estado famélico tras ser liberado por la Guardia Civil?
Séptimo. El hecho de que la coalición Euskal Herria Bildu -que el partido político Sortu, heredero de los partidos políticos que formaron parte del mundo de ETA, lidera claramente- esté en condiciones de ser la opción más votada en Euskadi, ¿no es un reflejo evidente de la pérdida de valores que, consciente e inconscientemente, se ha producido en nuestro país?
Octavo. Personalmente, si perteneciera a un partido político que propiciara la legitimación social del mencionado partido político, no me sentiría en paz conmigo mismo.