Ignacio Sánchez Cámara-El Debate
  • El PP representa la única o principal esperanza para la salida del muladar. Pero no deja de resultar decepcionante. El centro contra la derecha, y la derecha contra el centro

La política española lleva años instalada en el muladar. En las dos acepciones del diccionario de la Real Academia: 1. Lugar o sitio donde se echa el estiércol o la basura de las casas. 2. Aquello que ensucia o inficiona material o moralmente. Son sinónimos, entre otros, estercolero, basurero y pocilga.

Como se trata de algo sabido y consabido, no será menester insistir más. El caso Zapatero es el paradigma y la cima. Acaso Pedro Sánchez expresará su gran decepción, dirá que apenas lo conoció y que esta amarga experiencia no debe impedir que continúe el gran proyecto progresista de transformación de España: de la democracia al estercolero.

Ahora de lo que se trata es de la posibilidad y modo de salir del muladar. Por el lado del Gobierno, nada cabe esperar. El empresario del muladar no puede ser la solución. Sánchez se ha aferrado al poder y no lo soltará si no es por la fuerza de las urnas. Ya lo ha dicho: o moción de censura o legislatura hasta el final. Lo único que le importa son las cuentas. Sacrifica los principios, en el caso de que los tenga. Sacrifica al partido en caída libre. Tampoco le importa la salud democrática de España ni el bien común. El único fin es el poder. El PSOE se hunde, pero lo que le importa es si la suma de los restos del naufragio con los votos comunistas y separatistas basta. Todo lo necesario es bueno: triturar ministros, destrozar el partido, degradar las instituciones y amenazar la unidad nacional. El problema es que puede que ya no le salgan las cuentas. Si le salieran, habría convocado elecciones. El suyo no es el partido más votado. No ha ganado las recientes elecciones autonómicas, salvo en el caso de la anomalía catalana. No queda ni rastro de asunción de responsabilidades políticas. No hay presupuestos. Se diría que estamos ante la mafia como forma de gobierno. Por este lado, nada cabe esperar.

El PP representa la única o principal esperanza para la salida del muladar. Pero no deja de resultar decepcionante. El centro contra la derecha, y la derecha contra el centro. Falta a veces una línea común, aunque es cierto que conviene adaptar la estrategia a los distintos lugares. Pero hay algo más que resulta difícilmente comprensible. Que el PP se distancie de Vox y que aspire a gobernar en solitario es natural. Mas no se entiende que fustigue a alguien con quien va a estar obligado a entenderse. A veces lo combate con tanto denuedo como al PSOE. Dicho con la mayor claridad: si el objetivo es la salida del muladar, esa salida no va a ser posible sin Vox. Sánchez tiene comprados políticamente a comunistas y separatistas.

El final de la degradación solo tendrá lugar mediante las próximas elecciones generales o a través de una moción de censura. Cabe proponer esta última opción, pero siempre que se gane. Para ello habría que ofrecer la inmediata convocatoria de elecciones. Es verdad que las mociones de censura se pueden ganar moralmente, pero no creo que estemos para concederle victorias parlamentarias al régimen.

De los aliados del Gobierno, mejor no hablar. Baste con un detalle. Como si fueran unos severos controladores del Ejecutivo y del PSOE y unos garantes de la moral pública, le «piden explicaciones». Lo que viene a ser como mantener en activo y libre a Al Capone, eso sí, pidiéndole explicaciones. Se ve que, antes de que gobierne la derecha, es preferible bracear entre el estiércol.

Desde el punto de vista de la estrategia, el caso de Vox se parece mucho al del PP, agravado por su carácter minoritario. No se puede despreciar la única esperanza afirmando que el PP y el PSOE son lo mismo y pretender que la mayoría se pliegue a la minoría. Si la prioridad nacional es desalojar a Sánchez del poder, es claro lo que hay que hacer. En caso contrario, va a ser muy difícil salir del muladar.