Ignacio Camacho-ABC
- De Ábalos a Zapatero, en el sanchismo funcionó desde el primer momento un mercado de acceso a los despachos del Gobierno
Relata el auto del juez Calama que hay un momento crucial en que se produce un cruce, o más bien un choque, entre las ‘gestiones’ de Zapatero y las de Ábalos. Es cuando los dirigentes de Plus Ultra, desesperados porque su acercamiento al entonces ministro no acababa de dar resultado, deciden acudir al expresidente para que desbloquee el atasco. Si éste intervino o no es cuestión que habrán de decidir el instructor o en último término el tribunal que juzgue el caso, pero de los mensajes del sumario se desprende con claridad que los gestores de la aerolínea venezolana sabían –«si hay que pagar se paga»– que el ‘príncipe’ de Delcy estaba en el mercado de los contactos en los altos despachos. Y hay otro dato: el rescate se produjo en marzo de 2021 y el titular de Transportes, hasta entonces hombre fuerte del Ejecutivo sanchista, fue cesado por razones nunca explicadas en julio de ese mismo año. El propio Ábalos ha sugerido alguna vez que conoce la verdadera mano que lo derribó del cargo.
En esa época, alrededor de Sánchez se movían ya al menos dos clanes en competencia. Quizá tres si se considera que, como ha dejado caer Koldo, Santos Cerdán actuaba por su cuenta con una demarcación territorial de relaciones con las empresas. La forzada caída de Ábalos dejó libre al antiguo Bambi una vía de conexión directa que unía la Moncloa con ciertos gobiernos de Latinoamérica y se ramificaba en diversos ministerios –desde Interior a Defensa, pasando por Transportes– a través de cuadros de segunda línea reclutados por su experiencia para apuntalar un Gobierno recién aterrizado por sorpresa y falto de estructuras intermedias. A partir de ahí, ese núcleo tardozapaterista fue ganando ascendiente hasta convertirse en una especie de organización paralela con acceso privilegiado a las grandes áreas estratégicas. La posición perfecta para desarrollar una plataforma de influencia en centros de decisión sobre política exterior, inversiones tecnológicas o reparto de los fondos de la Unión Europea.
El balance de esa tarea de explotación privativa del poder es en la actualidad de tres docenas de imputados. Eso no es una simple sucesión incidental de malas elecciones –aunque desde luego tampoco constituya un ejemplo de dirección de recursos humanos—sino el retrato de un sistema cleptocrático. La llamada ‘banda del Peugeot’, hoy convertida en una cuerda de presos, fue clave en el ascenso de Pedro al liderazgo del partido y luego al primer nivel de mando del Estado, pero no actuó en solitario. Desde muy pronto surgieron en el entorno y la familia del presidente otros grupos de interés dispuestos a entrar a saco en la industria de aprovechamiento del Estado, a los que hay que consumar una pléyade de consultores, lobistas, comisionistas e intermediarios. La elocuente reivindicación de ética pública de la moción de censura –¡¡predicada por Ábalos!!– es el mayor sarcasmo del escenario institucional contemporáneo. Este mandato ya nunca podrá ser otra cosa que la historia de un asalto.