Ana Sánchez-ABC
- Ni «nos sacó de una guerra ilegal en Irak» ni «acabó con ETA», como aseguró Sánchez en el Congreso
Pedro Sánchez dijo el miércoles dos grandes mentiras en el Congreso. La primera, que José Luis Rodríguez Zapatero «nos sacó de una guerra ilegal en Irak». La segunda, que «acabó con ETA». Ninguna de estas afirmaciones es verdad, aunque el socialismo, gran maestro de la propaganda, haya logrado colocarlas como ciertas en el imaginario colectivo.
Zapatero no sacó a España de ninguna guerra ilegal simplemente porque nuestro país no mandó tropas hasta que la ONU estableció un marco legal internacional para enviarlas para la reconstrucción y seguridad posterior. Esto, que parece un tecnicismo, no lo es. Diferencia a quienes invadieron Irak el 20 de marzo de 2003 inventándose armas de destrucción masiva, de quienes actuaron bajo el marco legal internacional que estableció Naciones Unidas después, tras el desastre provocado.
España fue de los segundos. A José María Aznar se le puede cargar haber ofrecido apoyo político a la invasión ilegal desde el inicio y haber permitido a EE.UU. que usara Morón y Rota. Su foto de las Azores con Bush, Blair y Durão Barroso siempre le perseguirá. Pero lo que aprobó el Congreso el 21 de marzo de 2003 fue enviar barcos para asistencia sanitaria, reparto de alimentos, agua y rehabilitación de infraestructuras. Una semana después, el 28 de marzo, la ONU dio luz verde a una misión con los mismos objetivos para afrontar la crisis humanitaria.
Naciones Unidas nunca legitimó la invasión de Irak, que lideró Estados Unidos y contó con Reino Unido como segunda mayor fuerza militar, fuerzas de Australia y Polonia, y la ayuda de los dos grandes partidos del Kurdistán iraquí. La Resolución 1483 califica a EE.UU. y Reino Unido, por unanimidad, como «potencias ocupantes» según el derecho internacional. Fue adoptada el 22 de mayo, levantó las sanciones impuestas a Irak desde 1990, creó el Fondo de Desarrollo y nombró a un Representante Especial para coordinar la ayuda humanitaria y la reconstrucción. Para esa misión, 37 países desplegamos tropas. España lo aprobó el 12 de julio de 2003 y envió 1.300 soldados a Nayaf y Diwaniya. Cuando José Bono los retiró por orden de Zapatero, dio la espalda a ese cometido.
Pasemos a ETA. Nadie puede atribuirse en exclusiva ser quien «acabó» con ella. Zapatero pilotó la fase final, pero gracias al sacrificio previo de las víctimas, la ilegalización de Herri Batasuna y el bloqueo de su financiación aprobadas por Aznar, la ratificación de ello por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el rechazo social al terrorismo y, sobre todo, la asfixia operativa a la que la Guardia Civil sometió a la banda.
A Zapatero hay que reconocerle sus avances en derechos sociales, destacando la igualdad y el matrimonio homosexual. Pero ni acabó con ETA ni sacó a España de una guerra ilegal y, sobre todo, dejó al país al borde del desastre económico. Lo demás es pura propaganda.