Ignacio Camacho-ABC

  • El ‘zapaterazo’ es una bomba en el núcleo del régimen sanchista. Toda su estructura de relaciones de poder está boca arriba

El de Zapatero no es un caso más de corrupción política (presunta) o de venalidad administrativa. Es una bomba en el núcleo del régimen sanchista. Afecta a las estructuras de poder, por supuesto, empresas públicas y privadas incluidas, pero también al entramado de relaciones internacionales, a la expansión geoestratégica de China, a la permeabilidad gubernamental con el chavismo, al mercado del petróleo y las divisas. Esto es algo mucho más importante que el rescate de una aerolínea, más amplio que las mordidas de Ábalos, Koldo y Aldama con la compraventa de mascarillas y las chicas de compañía, más grave que los tejemanejes de efectivo en la contabilidad del Partido Socialista. Se trata de un escándalo de Estado con enorme potencia destructiva.

Y aunque no haya hecho más que empezar, todo el mundo, desde Sánchez al más desinformado de los mortales, sabe que la legislatura puede saltar por los aires. De momento ya se han abierto grietas en la alianza Frankenstein, que se mantiene en pie sólo por el miedo común a perder los privilegios acumulados a base de explotar las debilidades de un Ejecutivo sin mayoría estable. Pero se aproxima el punto de no retorno, el límite del aguante, que llegará cuando a medida que la investigación judicial avance –quizá con alguna entrada en la cárcel– los socios se vayan convenciendo de que el ‘statu quo’ se derrumba y empiecen a alejarse para evitar que los cascotes les alcancen. Ya se va abriendo paso la idea de un adelanto de las generales.

Para esa eventualidad, Pedro necesita un proyecto y una bandera. Una fórmula capaz de permitirle aglutinar los intereses del separatismo y de la izquierda. Es conocido que los susurradores de su entorno, acaso el propio ZP entre ellos, le aconsejan liarse la manta a la cabeza y armar un sucedáneo de frente popular con un programa (de)constituyente que extreme la polarización y excite el enfrentamiento civil hasta anular cualquier atisbo de convivencia. Una propuesta radical –confederal, republicana, lo que sea– ante la que no quepan actitudes neutrales o posiciones intermedias. A todo o nada, de perdidos al río; un demarraje a fondo para quemar las últimas posibilidades de ganar la carrera. Jugarse la supervivencia en una crisis del sistema.

Lleva tiempo dándole vueltas al plan, aunque con la intención de no alterar el calendario, de estirar el mandato todo lo posible, por si acaso. Sin embargo el ‘zapaterazo’ podría precipitarlo todo si la explosión amenazase con impactar sobre el liderazgo. En el PSOE hay gente –ingenua– pensando en el postsanchismo, haciendo cálculos sin entender que después de esta etapa, cuando quiera que acabe, sólo quedarán las ruinas de un espacio político devastado. Lo que ha cambiado es la certeza consensual de que no habrá elecciones hasta el verano del próximo año. A partir de ahora serán las decisiones del juez Calama las que determinen los plazos. Y cada mes, cada semana, cada día, se van a hacer muy largos. También para la oposición, por descontado.