- Valle-Inclán estetizó con rara originalidad asuntos bastante desagradables. Siempre podemos volver a él, sobrevolar los vicios incorregibles. Es una pena que don Ramón María no dedicara otra trilogía a la Primera República. ¡El negocio de los trenes!
Otra vez La Corte de los Milagros (centenario de la novela el año próximo), un arco de Isabel a Felipe, cuyos reinados tanto se parecen si podas y desbrozas lo coyuntural. Aunque la primera ganó a Marruecos –ahí están los leones del Congreso para recordarlo– y el último paga la factura de la humillación sanchista. Un arrodillarse ante el vecino que no tiene precedentes, un doblegarse a su voluntad aun cuando ello comporte el mayor escarnio público, unas genuflexiones de Sánchez, Albares y Marlasca que acaso tomen origen en el espionaje telefónico. Acaso, pues las afrentas gratuitas vienen de antiguo con la PSOE. ¿Quién nombró a Moratinos, cuyas conexiones con único enemigo potencial de España serían de película policiaca si no estuviera Albares para ganar el premio con una comedia negra? ¡Zapatero! ¿Quién posó con Mohamed VI junto a un mapa de Marruecos que incluía las Canarias, Ceuta y Melilla? ¡Zapatero! Vemos que las traiciones socialistas son antiguas. La innovación de Sánchez es lo chusco de su estilo al venderse y rebajarse, la foto con Mohamed y la bandera de España con el escudo hacia abajo: rendición.
Todo nos devuelve a los espejos cóncavos, tenidos por normales a estas alturas por pura costumbre. Hemos olvidado cómo era un espejo plano porque seguimos en el Callejón del Gato. Con reality show; de ahí la inclusión del edredoning, los tríos de Ábalos el esforzado, sus bacanales destrozando Paradores Nacionales (¡Alegría!) y demás. Sánchez tiene su trama íntima, los esotéricos del llevárselo, con esposa y hermano; luego están los exotéricos, con Ábalos, Cerdán, Koldo, la fontanera Leire, leré leré, y los que saldrán, en plan Torres, Armengol, Illa y el resto de la tropa. Una cosa achorizada, o choricasca, o choricil. En fin, socialista. Pero es que también Zapatero posee sus escuelas esotérica y exotérica, en la tradición pitagórica. Sus acusmáticos, los discípulos del círculo choriciento externo, fueron y son legión. ¿O no ha seguido dándole al trinque con un tesón digno de mejor causa? Su círculo interno, sus esotéricas, son familia directa, como en el caso de Sánchez: las hijas. Y espérate, Sonsoles. Parece claro que el socialismo cree mucho en la familia.
Al fin y al cabo, ¿de quién te vas a fiar? Eso es porque no conocen la institución familiar catalana, donde por encima de la sangre manda el dinero, aunque estés relajándote en Montserrat. En eso los Pujol parecen del PSOE, pues se han mantenido unidos en el latrocinio. O no, ya no sigo esa serie de mafiosos. (Solo veo series ñórdicas, tontines). La plutocracia española tiene unos fundamentos antiguos que dificultan su erradicación. Valle-Inclán estetizó con rara originalidad asuntos bastante desagradables. Siempre podemos volver a él, sobrevolar los vicios incorregibles. Es una pena que don Ramón María no dedicara otra trilogía a la Primera República. ¡El negocio de los trenes! Ya entonces. Tras la nostalgia, no descartemos que surja un nuevo genero para el fenómeno Zapatero-Sánchez y sus respectivas cortes. Algo especular, espectacular.