Javier Zarzalejos-El Correo

  • El PNV permanece en el antagonismo de fábrica sanchista hacia el PP, que es el partido que está manteniendo la estabilidad del sistema político, también frente a Vox

Ya son nueve casos», exclamaba hace unos días Aitor Esteban, leyendo el contador (provisional) de imputados y asimilados que crecen en el PSOE. En ese mismo acto, el presidente del EBB hacía una afirmación perfectamente contradictoria con sus hechos, al advertir de que sería irresponsable prolongar la legislatura más allá de 2026, siendo así que esa irresponsabilidad solo es posible por el apoyo del PNV a Pedro Sánchez.

Hoy Esteban tendría que añadir a unos cuantos más a esa cuenta: Gaspar Zarrías -en otro tiempo todopoderoso personaje del socialismo andaluz-, la gerente del PSOE y Leire ‘la fontanera’, junto con algún otro secundario en el reparto. Lo peor, y ya es mucho decir a estas alturas, es que mañana o pasado puede emerger otro caso o las ramificaciones de los mismos.

El PNV navega sin tener ni idea de la profundidad de unas aguas ya cenagosas. Sin embargo, hay que reconocer que al menos se distancia de la grotesca hipocresía de sus socios en la causa del sanchismo que todavía pretenden ennoblecer su apoyo irreversible, fanatizado, sin discusión con eso de que la línea roja sería no ya un caso de sólidos indicios de financiación irregular sino una sentencia firme, como ha precisado Gabriel Rufián, que como es sabido es un tipo que en Cataluña se ha mostrado muy escrupuloso con eso del Estado de derecho. Así que, sí, señor Esteban, iban por nueve los casos… y los que vendrán.

No hay que ser un jurista experto para identificar en las últimas resoluciones de instrucción en los ‘casos Zapatero’ y ‘fontanera’ una investigación sólida, un relato medido y detallado, un rigor evidente a la hora de amarrar los cabos de una madeja enredada y bastante sucia, la verdad. Ni a Pedraz ni a Calama les cuadra la caricatura de jueces de ‘lawfare’. Tampoco a otros como el juez Peinado o la instructora del caso del hermano de Sánchez -Sánchez, él mismo- de quienes sabemos ahora que fueron objeto de intentos de descalificación y desestabilización de sus respectivos procedimientos. De ahí que se pueda anticipar que el desenvolvimiento de las actuaciones, alimentadas por la información obtenida en los registros, abrirá la condición de investigados a otros u otras que todavía planean sobre estos casos, pendientes de que los jueces les hagan aterrizar en la imputación.

Ante este panorama, los socios de Sánchez se empiezan a reordenar. A ERC, Bildu y Sumar les importa un bledo el grado de corrupción que se haga visible. Apoyarán a Sánchez hasta el último día, no renunciarán a nada de lo que puedan extraer -‘deprisa, deprisa’- y siempre encontrarán en el odio a la derecha el supremo argumento para convalidar todo el naufragio moral y político de los socialistas. En ningún sitio van a estar mejor, de modo que la tentación de adoptar una posición de principio con sentido mínimamente ético les resulta fácil de resistir. Practican una forma de ‘omertá’ propia de asociaciones malsanas.

Junts, por su parte, no se muestra tan benévolo, pero su desorientación viene agravada por sus propios problemas en forma de Sílvia Orriols y el riesgo de ser atropellados en Cataluña. Y luego está el PNV, escandalizado, doliente, enfadado a veces, pero cumplidor con Sánchez. Cómodo no está, es cierto, y se parece cada vez más a esa pieza que se da cuenta de que ha entrado en la nasa y no puede salir.

Vox es un argumento poderoso para justificar el papelón de los nacionalistas a los que en junio de 2018 les entró un prurito regenerador irresistible que les llevó a derribar a Rajoy, agarrándose a una frase improcedente que luego fue borrada en vía de recurso, en una sentencia que si algo acreditaba era que el PP no había participado deliberadamente de una actuación ilegal aunque resultara beneficiado en algo más de 200.000 euros. Pero Vox es un argumento que se devalúa cuando el PNV apoya a quien más interesado está en que Vox crezca -Pedro Sánchez- y cuando permanece en el antagonismo de fábrica sanchista hacia el PP, que es el partido que está manteniendo la estabilidad del sistema político, también frente a Vox.

Con todo, lo que debería añadirse a las preocupaciones de socios como el PNV no es solo la abracadabrante situación del PSOE sino el grado desconexión de la realidad, de paternalismo autoritario, de ninguneo político que revela la conferencia de prensa que Sánchez ofreció en Roma después de visitar a León XIV y antes de que se conociera el auto de Santiago Pedraz. Sánchez es posible que se crea esas afirmaciones en las que no cabe encontrar ningún anclaje con la realidad. La cuestión es si quienes le han apoyado en este viaje esperpéntico van a seguir fingiendo que se lo creen. Y parece que sí.