Iñaki Ezkerra-El Correo
- Entre todo el teatro, no se recuerda el día de 2010 en el que Obama urgió a Zapatero a salvar a España de la quiebra
Desde las filas sanchistas se está fabricando estos días un mito exprés con Zapatero que aquí estamos dando todos por bueno y que merece más de una objeción si no una revisión completa. Hablan desde esas filas como si ese expresidente hubiera sido, desde su caída del poder en el último tramo de 2011, un referente moral, un padre ideológico, algo así como un Atatürk del socialismo español. Alguien, en fin, cuya imputación judicial hubiera sumido a la militancia y al electorado de ese partido en una insalvable orfandad espiritual. No es así. Aquí está habiendo mucho, demasiado teatro, con el que para colmo colaboran desde fuera los que han llegado a la política o a los medios hace dos días y no recuerdan aquel fatídico 11 de mayo de 2010 en el que a Zapatero le llamó Obama por teléfono urgiéndole a salvar a España de la quiebra técnica y en el que el protagonista de la conjunción planetaria inició una cuesta abajo sin frenos.
No. Zapatero no abandonó La Moncloa envuelto en una aureola de estadista ni de líder carismático. No se fue a casa dejando a su paso una gloriosa estela de avances sociales; un legado moral que recogieran las nuevas generaciones ni un rastro siquiera de melancolía que arrancara las lágrimas de sus correligionarios. Se fue por la puerta trasera de la Historia dejando a su sucesor un sonado marrón político y económico. Se fue en medio de una crisis que había negado, dejando infectadas las heridas del secesionismo catalán y de la memoria de la Guerra Civil que él mismo había abierto. Se fue dejando atrás una ley de violencia de género que niega la igualdad jurídica de la mitad de la sociedad y que ha dividido al propio feminismo. Se fue convirtiendo la derrota de ETA en una victoria de su brazo político. Se fue dejándonos divididos y metidos en causas tan justas y nobles como la proclamación de los derechos del simio.
No seré yo quien niegue un logro como la legalización del matrimonio gay en nuestro país (o sea, el único tanto que hoy puede apuntarse nuestro hombre a su favor), pero sí el que recuerde que incluso una buena causa como esa fue presentada como un triunfo sectario de la izquierda en vez de como una conquista colectiva de la España democrática que habría sido impensable en la Rusia de Stalin o en la Cuba de Castro.
No. Durante el marianismo la figura de Zapatero estuvo totalmente apagada y los socialistas no querían saber nada de él. Era el recuerdo de un grandioso fracaso no exento de tintes ridículos. Por esa razón hablar hoy de «la segunda muerte de ‘Bambi’» como lo hace Julia Otero es jugar a un falso luto. ‘Bambi’ no resucitó nunca. Lo que hoy vemos caer es lo que será Sánchez dentro de veinte años: un hombre mayor que no ha envejecido bien y que se ríe a destiempo.