- Lo inquietante y delictivo es que desde el entorno del presidente del Gobierno y desde el partido que dirige se pretenda dinamitar los procedimientos judiciales e intimidar, desacreditar o condicionar a quienes investigan como hizo la mafia del One , con Supersantos Cerdán desde la sede del PSOE
Hay una línea roja que ningún gobierno democrático debería cruzar jamás: señalar a los jueces, a la Guardia Civil y a los periodistas como piezas de una conspiración política cuando las investigaciones judiciales amenazan su continuidad. En un alarde de populismo indecente y peligroso es lo que han hecho Óscar Puente y el beatífico presidente de la Generalitat, Salvador Illa, al denunciar una imaginaria confabulación conspiranoica para derribar al Gobierno de Sánchez. Esparcir con fines exculpatorios y victimistas con el ventilador del peor populismo esa basura sobre teorías paranoicas urdidas para sacar a Sánchez de la Moncloa es un insulto a la inteligencia de cualquier español, medianamente informado, y un argumento extremadamente peligroso por la tensión y crispación social que puede generar el hecho de presentar las causas judiciales contra la corrupción del sanchismo como una especie de golpe de Estado o una confabulación de jueces y oposición para acabar con el gobierno por métodos no democráticos.
Puente e Illa afirman que los socialistas no se van a doblegar y que los militantes ya están muy hartos. ¿ De la corrupción de sus dirigentes, acaso, o de que les tomen por idiotas mientras el partido encadena derrotas electorales sin solución de continuidad por culpa de Sánchez? ¿Sugieren el reprobado ministro y el taimado Illa que los militantes se van a levantar en armas contra el Estado de derecho o que van a impedir con los tanques la alternancia política si las urnas algún día, cuando lo quiera el One, así lo decidan?
El relato victimista de estos insensatos e irresponsables, pero muy conscientes de lo que dicen por interés partidista, basado en que todas las causas contra la familia de Sánchez y el PSOE no son casuales y que tienen una clara intencionalidad política, es otro ataque más de este Gobierno a la independencia judicial y a Montesquieu y un peligroso argumento porque alienta la tentación totalitaria y el enfrentamiento social.
La historia de dirigentes que comenzaron desacreditando a los jueces antes de intentar neutralizarlos y colonizarlos se repite desde Estados Unidos con Trump a la Venezuela chavista pasando por Hungría o Polonia: cuando las investigaciones afectan al poder, el poder deja de aclarar y discutir los hechos y pasa a atacar a quienes lo investigan como hace el sanchismo. En Italia, durante la operación Mani Pulite, se intentó desacreditar a jueces y fiscales alegando motivaciones políticas como hace el Gobierno de Sánchez. Tiempo después quedó demostrado que la corrupción era sistémica y las investigaciones estaban totalmente justificadas. Richard Nixon sostuvo hasta el final que el caso Watergate era una persecución política contra su Presidencia y la Casa Blanca. Los hechos probados por la Prensa y la justicia le obligaron a dimitir no sin antes negarlos y mentir reiteradamente . Algo que nos resulta familiar por estos predios monclovitas.
Por eso lo antidemocrático no es que jueces, fiscales anticorrupción, Policía y Guardia Civil investiguen al poder político mientras la prensa libre lo fiscaliza, como pretenden hacernos creer con su cuento victimista Óscar Puente e Illa para obviar los desmanes punibles que jalonan los diferentes autos judiciales. Eso es exactamente lo que debe ocurrir en una democracia sana. Lo inquietante y delictivo es que desde el entorno del presidente del Gobierno y desde el partido que dirige se pretenda dinamitar los procedimientos judiciales e intimidar, desacreditar o condicionar a quienes investigan como hizo la mafia del One , con Supersantos Cerdán desde la sede del PSOE y con la fontanera Leyre Díez reptando por las cloacas. Servicios abyectos que le fueron remunerados generosamente por la gerente de Ferraz ocultados con facturas falsas.
No está lejos el día en que el One sea llamado a declarar por la trama urdida en su favor para intentar torpedear y boicotear los casos judiciales que afectan al PSOE, a su mujer y su hermano. A estas alturas del muladar en el que está inmerso hasta las cejas, junto a su mentor e ideólogo Zapatero, es imposible concluir que Sánchez desconocía y era ajeno a los planes y tramas corruptas de sus conmilitones y amigos imputados por tratar de beneficiarle y de paso beneficiarse ellos, que van caminito de Jerez.
El único elemento común en todas las causas de corrupción es Pedro Sánchez y eso explica su bunkerización y rechazo a convocar elecciones por miedo a perderlas. Sin la Moncloa , obviamente, sería más vulnerable ante el horizonte judicial que le espera y que no podrá eludir por más tiempo que resista en el gobierno gracias a sus socios y aliados, culpables de prolongar este tiempo político, envilecido por la deshonestidad y perversión de quienes con su ayuda alcanzaron el poder con el propósito de regenerar la democracia y acabar con la corrupción. Menuda paradoja más devastadora y que cruel ironía del destino.