Julián Quirós-ABC
- Cuando los de Sánchez acusan de golpismo al poder judicial y a los medios de comunicación en realidad hacen una proyección de sus propias intenciones
Ya hemos vivido culebrones en los que la descomposición del poder se precipita; de repente, todo se junta a la manera de aluvión y se desencadena una serie de actos que produce un enorme vértigo y el poder pierde el control de los acontecimientos: los años finales del felipismo o del suarismo, la Valencia de Camps o las Baleares de Matas, la Gürtel de Rajoy, los espasmos del chavismo andaluz, el epílogo de los Pujol… Sucede cuando al poder le llega su hora y muere de pura fatiga, noqueado. Lo hemos vivido, sí, pero con la novedad de que ahora ese poder acorralado decide usar un último cartucho, barbarizando a un sector del electorado para que se alce contra los mecanismos de vigilancia del Estado de derecho, animando una especie de rebelión en las plazuelas digitales, persuadiendo a sus votantes de que están siendo víctimas de una investigación ilegal. O sea, imitando a Trump. Cuando los de Sánchez acusan de golpismo al poder judicial y a los medios de comunicación en realidad hacen una proyección de sus propias intenciones. Cambian la rendición de cuentas por la impunidad; se proclaman intocables.