El fabuloso despliegue logístico y organizativo (el más complejo en democracia) movilizado con motivo del viaje apostólico del Papa que comienza este sábado es lo suficientemente ilustrativo de la indiscutible relevancia histórica que la visita de León XIV tiene para nuestro país.
Con una duración de casi una semana, se trata del viaje más largo en un solo país de los cuatro que ha realizado en su joven pontificado. Lo cual es indiciario de la especial relevancia que el Vaticano atribuye a la misión en suelo español.
Cabe recordar que Robert Prevost tiene una estrecha vinculación previa con nuestro país, consolidada durante sus años como prior general de la Orden de San Agustín y reforzada por sus raíces maternas en Cantabria.
Obispo emérito de la diócesis peruana de Chiclayo, aunque no es castellanoparlante nativo como su antecesor, León XIV domina un perfecto español. Lo que le permitirá dirigirse de forma más directa y cercana a los fieles españoles.
La trascendencia de la visita reside además en que se rompe una anomalía de quince años sin la presencia de un romano pontífice en nuestro país. Durante sus doce años de pontificado, Francisco optó por priorizar las periferias geográficas de la Iglesia, dejando fuera de sus destinos principales a los bastiones tradicionales del catolicismo europeo occidental.
Cabe recordar, no obstante, que Francisco acarició el proyecto inacabado de visitar las islas Canarias, debido a su honda preocupación por la crisis humanitaria derivada de la inmigración.
Al incluir de forma inusual a Gran Canaria y Tenerife en su itinerario, León XIV busca dar cumplimiento expreso a esa voluntad de su predecesor que la enfermedad y el final de su mandato impidieron ejecutar.
Ser el primer Papa en pisar el archipiélago canario no es el único hito histórico de esta gira.
En Barcelona, León XIV oficiará la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo, que pone fin a 144 años de construcción de la estructura principal de la Basílica de la Sagrada Familia. Y que coincide de forma simbólica con el centenario del fallecimiento de su arquitecto, Antoni Gaudí.
La agenda papal destaca por lo nutrido y variopinto de sus compromisos. Una planificación que responde a un diseño equilibrado que aspira a cubrir todas las dimensiones de la labor apostólica.
El itinerario intercala actos institucionales, religiosos y civiles.
Las citas más solemnes alternarán con encuentros directos con los sectores más marginados de la sociedad, como las personas sin hogar en el centro CEDIA de Carabanchel, los reclusos de la prisión de Brians 1 y los inmigrantes acogidos en los centros de Arguineguín y Las Raíces.
Los eventos multitudinarios convivirán con eventos de aforo más reducido.
Y aunque la convocatoria de los actos principales está abierta a todos los ciudadanos de las cuatro sedes, la Santa Sede ha otorgado un espacio prioritario a los más jóvenes en su planificación.
El Papa muestra un evidente interés por hablar a un sector que, si bien sufre en particular los efectos de la precariedad material y espiritual contemporánea, protagoniza un tímido resurgir de la fe a través de nuevos movimientos eclesiales.
A fin de conectar con estas generaciones, la organización combina celebraciones litúrgicas tradicionales con actos de formato más desenfadado, que incluyen actuaciones de música pop. Un enfoque que refleja la voluntad del Vaticano de dialogar con las realidades del mundo contemporáneo.
Esta misma orientación dialogante está detrás de su intervención ante las Cortes Generales, convirtiéndose en el primer pontífice que pronuncia un discurso en el Congreso de los Diputados.
León XIV hablará así ante auditorios plurales que reunirán a ciudadanos de todas las opciones políticas y de distintos credos, y se dirigirá a miembros de la sociedad civil de extracción diversa.
Resultaría contradictorio que esta vocación ecuménica y universal se topara en España con intentos de instrumentalización partidista de una autoridad moral que aspira a interpelar al conjunto de la sociedad.
Ya se ha atisbado esta tentación en los días previos a la llegada del pontífice, con polémicas como la desatada por el nacionalismo catalán ante lo que consideran una relegación de la lengua cooficial en los actos litúrgicos de Barcelona. Pero también con los intentos del Gobierno de amortiguar el impacto de los escándalos de corrupción que le asedian mediante la apropiación del magisterio papal en España, explotando las afinidades doctrinales en aspectos como la regularización migratoria o la visión crítica respecto a los magnates tecnológicos.
En su intento por tender puentes, León XIV va a encontrarse con un país socialmente muy fracturado y afectado por niveles asfixiantes de polarización. Sería deseable que, al menos durante los días que dure esta visita, la presencia del Pontífice sirva para decretar una tregua temporal en este clima cainita .