- La pregunta, claro, es cómo sabía Leire Díez que el 19 de febrero de 2025 Pedro Sánchez tenía una reunión que no había sido agendada en ninguna plataforma oficial.
«Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar» canta Christina Rosenvinge en la canción Verano fatal, y a Pedro Sánchez le ocurre un poco mismo: dado que el presidente miente siempre que alguien le coloca un micrófono frente a la boca, su palabra puede ser tomada como la prueba más irrefutable posible de que la verdad se encuentra, sin un ápice de duda, en la dirección contraria a la que apunta su lengua.
Pedro Sánchez, en fin, es una brújula inversa infalible de sí mismo.
Ayer viernes por la mañana, Pedro Sánchez dijo que «nunca he conocido ni se me ha informado de las andanzas de Leire Díez«. Y si las hubiera o hubiese conocido, añadió a renglón seguido, «nunca las habría tolerado».
Es decir, que conoce a Leire Díez y sabía de sus actividades porque fue él, probablemente en persona, el que le dio la orden de ejecutarlas.
Eso es lo que todos los españoles con un cociente intelectual superior al de un paragüero interpretaron ayer cuando vieron al presidente en el telediario negarlo todo con el mismo aplomo con el que a lo largo de los últimos ocho años ha negado todas aquellas informaciones que luego los medios, la UCO, la UDEF y los jueces han demostrado 100% ciertas.
El problema de Pedro Sánchez, claro, es que su palabra ya no vale nada.
Salvo, ya digo, como brújula inversa.
Las declaraciones de Pedro Sánchez tuvieron lugar aproximadamente a las 12:00 del mediodía. Sólo siete horas después, a las 19:00, EL ESPAÑOL publicó una de las anotaciones en la agenda de Leire Díez incautada por la UCO: «Reunión con P.S. 19/2/2025».
Cabe la posibilidad, claro, de que P.S. sea Primavera Sound, PlayStation, Paquita Salas o incluso el famoso director de cine Pablo Salmodóvar.
Pero dado que las siglas P.S. aparecen otras veces en la agenda de Leire Díez en referencia inequívoca a Pedro Sánchez (por ejemplo, cuando la fontanera dice que la línea editorial de Prisa, es decir de El País y de la SER, «la marca P.S.»), no parece una apuesta muy loca la de que dichas siglas correspondan… al mismo Pedro Sánchez.
Cabe también la posibilidad de que Leire Díez haya anotado en su agenda reuniones a las que ella no ha sido invitada.
Pero ¿por qué extraño motivo? Vayan ustedes a saber. Si la tesis del PSOE es que Leire Díez se levantó un día de la cama pensando «voy a jugarme varios años de cárcel chantajeando, sobornando y amenazando a jueces, fiscales y policías para torpedear las investigaciones sobre Begoña Gómez y David Sánchez, pero sin que Pedro Sánchez se entere de nada», ¿por qué no podría la misma Leire Díez a anotar en su agenda las reuniones de Pedro Sánchez sin que el presidente «tenga ningún conocimiento» de ello?
Los caminos de las groupies son inescrutables.
Hay un problema: que Leire Díez también anotó otra reunión, esta vez con un tal «ZP» y con el ex viceministro venezolano de Energía Nervis Villalobos.
¡Qué afición la de esta mujer por anotar en su agenda las reuniones de otros!
La pregunta, claro, es cómo sabía Leire Díez que el 19 de febrero de 2025 Pedro Sánchez tenía una reunión que no había sido agendada en ninguna plataforma oficial: si uno busca en la agenda del presidente de ese día se encuentra con su asistencia al pleno del Congreso de los Diputados (a las 9:00 h), con un encuentro con el presidente de la República Árabe de Egipto, Abdelfatah Al-Sisi, en el Complejo de la Moncloa (10:30 h) y con la comida que ofrecen SS.MM. los Reyes en honor al mismo Abdelfatah Al-Sisi, en el Palacio Real de Madrid (13:30 h).
Es decir, tarde despejada para Pedro Sánchez.
Y lo mismo cabe decir de esa misteriosa reunión de ese tal «ZP» con el ex viceministro venezolano de Energía Nervis Villalobos. Este sí que es un misterio: ¿quién (que responda a las siglas ZP) puede tener acceso al ex viceministro venezolano de Energía e interés por reunirse con él?
¿Y por qué y a través de qué canales habrá tenido conocimiento Leire Díez de esa misteriosa reunión del tal «ZP»?
Es un misterio encerrado en un enigma.
Un detalle más. Un atento estudio de la agenda de Leire Díez confirma que la fontanera (del PSOE, el mismo partido al que pertenece Pedro Sánchez, ¡otra casualidad!) solía anotar en su agenda reuniones a las que ella asistía.
Vamos, como cualquier español hace con su agenda personal: anotar SUS citas, no las del presidente del Gobierno.
Un ejemplo. La reunión que Leire Díez mantuvo en Ferraz, y más concretamente en el despacho de Santos Cerdán, con dos representantes de la empresa vasca Tubos Reunidos para aplazar los intereses que esta debía pagar por la ayuda de 112,8 millones de € concedida por el Gobierno.
De esto tampoco se enteró Pedro Sánchez, a pesar de que Ferraz es la sede del partido del que él es secretario general, es decir del PSOE, y de que Santos Cerdán, el ocupante del despacho donde tuvo lugar la reunión, era secretario de Organización de la formación.
Es decir, el número dos de Sánchez en aquel momento.
De todo esto, Pedro Sánchez no supo nunca nada. En la España del sanchismo, donde no se mueve una sola hoja en el sector público, ni en el privado, ni en el PSOE, ni en el Congreso, ni en el Tribunal Constitucional, ni en el Banco de España, ni en Telefónica, ni en Indra, ni en el CIS e incluso ni en El País y la SER, sin que el presidente dé su visto bueno… Pedro Sánchez no se enteró de nada de lo que hacía Leire Díez.
Tampoco se enteró de las docenas de reuniones en Ferraz, ni de las «andanzas» de Leire, ni del dinero que pagaba el PSOE a la trama, ni de la relación de la fontanera con Santos Cerdán, y ni siquiera de que había una loca por ahí que sabía hasta de sus reuniones secretas, las que no aparecen en la agenda oficial de la Moncloa.
¡A ver si la mujer más poderosa de España, al menos a nivel de información atesorada, era Leire Díez y no María Jesús Montero!
Y eso por no mencionar esa críptica alusión de Leire Díez a un gobierno que la tiene desaprovechada… hasta que imputan a Begoña Gómez y entonces «alguien les recibe».
A saber quién será ese «alguien» interesado en que se aborte, por lo civil o por lo criminal, la investigación a Begoña Gómez. ¡A ver si va a ser un hombre profundamente enamorado de ella! ¡Y el presidente, su propio marido, sin enterarse!
Pedro Sánchez, según dice él mismo, no se enteró de nada de nada a pesar de que Díez iba por ahí untando a corruptos, amenazando a jueces, chantajeando a fiscales e intentando destruir la carrera y la vida de los policías y los guardias civiles que investigaban la corrupción de su mujer y su hermano.
Una de esas actividades, la de las cloacas, que dejan un pestilente rastro chapucero allá por donde se desarrollan y que parece imposible que no conozca alguien que controla hasta el último rincón del Estado, incluido en ese «último rincón» el siempre útil CNI.
Pero ya saben: hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar. Y si algo está claro es que acertar, Pedro Sánchez ha acertado. Ahí están los resultados: él en la Moncloa y el ganador de las elecciones generales de 2023, en el banquillo de la oposición.
La pregunta, ahora, es cuánto tardará un juez en imputar a Pedro Sánchez y qué ocurrirá a partir de ese momento.
Si yo fuera Pedro Sánchez me querellaría contra Leire Díez con la tranquilidad que me da saberme inocente de cualquier tipo de delito y/o irregularidad, para que ella confiese frente al juez quién es ese tal «P.S.» al que los basurillas de la prensa estamos confundiendo con él.
¡Sobre todo, transparencia!