Editorial-El Correo
- La visita del Papa a España iniciada ayer en Madrid abre una oportunidad de tregua en la polarización política en favor del humanismo frente a la ola trumpista
La llegada de León XIV a España trasciende el ámbito pastoral por el que transitaron anteriores viajes papales para conectar con problemas mucho más terrenales. Sin renunciar a la proyección teológica de la visita -la primera oficial de un obispo de Roma a nuestro país desde 2011-, Robert Prevost aterrizó ayer en Barajas convertido en un referente global más allá del catolicismo, pulido en el firme pulso que libra contra el trumpismo. Su propuesta es un humanismo capaz de desarmar la concepción tiránica del orden internacional, alzando la voz contra las guerras frente a los intentos por silenciar su mensaje. Esa autoridad moral con la que ha investido su pontificado le ha permitido atraer a sectores ideológicos alejados de la Iglesia. Podrá comprobarse durante una estancia en Madrid, Barcelona y Canarias cargada de simbolismo, donde sobresalen su discurso en el Congreso y el homenaje en el puerto de Arguineguín a las víctimas de los cayucos. La doble condición de líder y confesor del Papa abre una oportunidad de tregua entre el ruido desatado por la polarización española en asuntos como la inmigración, la espiral bélica o la desigualdad.
Le recibe una España muy diferente a la que se encontró Benedicto XVI hace quince años, en plena convulsión en las calles por el 15-M y bajo un laicismo beligerante. Hoy le espera un país que se sigue declarando mayoritariamente católico pese a la secularización, y en el que despierta cierta espiritualidad juvenil, aun cuando la institución eclesial permanezca anclada en cuestiones nucleares como el papel de la mujer. Los gestos progresistas de Francisco han allanado el aterrizaje de Prevost en parte de la izquierda, especialmente en un Pedro Sánchez necesitado de referencias éticas. Está por ver cómo el PP asume el fuerte perfil social y multilateral del Pontífice, una adaptación más complicada para la ultraderecha alineada con la ola trumpista.
El talante mediador de León XIV, retratado en su encíclica ‘Magnifica Humanitas’, debería ser aprovechado por los partidos para encontrarse, no para instrumentalizar su imagen ni guarecerse bajo su báculo. La visita les pondrá a prueba. El hecho de que Sánchez acuda a la ceremonia en la Sagrada Familia, su primer oficio religioso en público en ocho años -tras evitar los funerales por las víctimas de la Dana y de Adamuz en un Estado aconfesional-, da fe de su interés por acercarse a los valores del Papa en medio de sus escándalos judiciales. La política, en cualquier caso, no debería estar a la espera de un milagro para recuperar el rumbo.