Pedro Chacón-El Correo
En medio de la vorágine desatada en torno al círculo político de Pedro Sánchez, que amenaza eclosionar en la tormenta perfecta, por conjunción de todos los casos durante este mes, y en la que ya está implicado el partido, tanto por ser plataforma logística y financiadora de una supuesta red extorsionadora, como porque la propia presidenta también estaría al cabo de la calle de las intrigas de esa red, ha bastado con que Sánchez diga que va a presentar Presupuestos para 2027 o que no va a haber ‘superdomingo’ electoral para que el PNV tenga la excusa perfecta con la que seguir uncido al carro socialista, sin importarle lo que pueda venir, despreciando cualquier posible entendimiento con el PP porque ese partido, dice Aitor Esteban, hasta va en contra del euskera en Europa.
Lo mismo que desde la judicatura se respetaron las elecciones andaluzas para no sacar antes lo de Zapatero, ahora la visita del Papa dará también un respiro y no habrá riesgo –aunque solo en principio– de que salte otra bomba durante su visita. Euskadi, por su parte, se cree a salvo de todo, y los dos socios de gobierno parecen haber comprendido que lo que tienen es demasiado valioso como para arriesgarlo por un meme. Ambos, además, se permiten dialogar, por vías y razones distintas, con la izquierda abertzale. A su derecha, en cambio, el erial es desolador, con unos partidos cada vez más desasistidos y marginados, tanto desde dentro como desde fuera del País Vasco.
El resultado es que no hay alternativa posible al régimen PNV-PSE. La izquierda abertzale es una anomalía política que nos ha tocado en mala hora pero hay una mayoría (virgencita que me quede como estoy) que nunca consentirá que lleguen al poder. Bastará con que sigan gobernando los ayuntamientos pequeños que quieran, inocuos políticamente, y que sigan así manteniendo a sus bases en la burbuja ideológica en la que viven.
Pero resulta que dentro de esa burbuja hay movimiento. No para salir de ahí, qué va, sino para aislarse más todavía dentro. Que no haya alternativa política viable ni presentable nos sitúa ante una sociedad vasca enferma de una deficiencia democrática profunda. Y si encima un sector notable de la juventud, al que no le ha faltado nunca de nada, se organiza en clave comunista, algo incomprensible y muy grave nos está ocurriendo. Es como si no quisiéramos mirar por nuestro futuro.
Los que se supone que son los sectores más avanzados de nuestra cultura consideran que merece la pena apoyar con todo a esa juventud comunista para que tenga sus txosnas en las fiestas de las capitales y así pueda proseguir más desahogadamente si cabe con su proyecto. Como los de la ceja aquellos, de triste memoria, que apoyaban al presidente progresista ahora imputado. Este es el panorama vasco actual y este es el nivel de nuestros activistas culturales más concienciados.