Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • A pesar de sus nuevas promesas y de sus habituales adornos, en 2027 tampoco habrá cuentas públicas

Soy muy consciente de lo difícil que resulta llegar, en estos agitados días, hasta las páginas dedicadas a la economía en el periódico, sin perderse antes en el marasmo de la actualidad. Para alcanzarlas es necesario sortear antes la absurda densidad de la política, que viene cargada de las ‘andanzas y fortunas’ de la señora Leire que, como sabe usted, no es «ni fontanera, ni cobarde».

Pero entonces, ¿quién es esa señora llamada Leire que, aparte de tener una mente alborotada y una cara desordenada, ha conseguido alterarnos tanto a todos? ¿Quizás sea la ganadora del premio Nobel de Física, obtenido por sus profundas investigaciones sobre el ‘movimiento de las marrullerías en ambientes altamente tóxicos’? ¿O a lo mejor una premiada en los Oscar gracias a su gran interpretación del bulo y la desinformación? ¿Quizá sea una simple Cenicienta que se creyó por unos días la princesa del cuento o, más bien, una simple actriz de reparto pugnando por brillar y destacar entre el tupido elenco de actores principales formado por los Ábalos, los Cerdán, los Koldos, los Bernis y tantos otros egresados de la Juilliard School of ‘Pillos’ de Nueva York o el Actors de ‘tunantes’ de Los Ángeles?

Menos mal que ‘el One’ no supo nunca nada de eso de que su famosa ‘inventada’ era real. ¿Se imagina el disgusto que se hubiera llevado el pobre hombre? Le habría acosado ahora el insomnio que antes aseguró que le provocaba su coalición con Pablo Iglesias.

Y también hay que eludir las contradicciones de la directora general de la Guardia Civil, las desmemorias de algunos de sus mandos, las rastreras costumbres del trío Ábalos/Koldo/Berni, las ocurrencias del hermano de Sánchez, los listos de la SEPI y los tontos de Fomento y, en el centro de todo, el ilustre ‘komando kloaka’.

Total, demasiados contenidos y demasiadas distracciones. Si ha llegado hasta aquí, en donde se habla –últimamente en contadas ocasiones– de economía, enhorabuena. Si no, es una pena porque se habrá perdido el venturoso anuncio de que, por fin, el año próximo tendremos presupuestos. No, no. No se altere, que ahora no tenemos nada aparte de buenas intenciones.

Será el año que viene cuando los tendremos, con el ‘nihil obstat’ del PNV, que les ha dado su ‘plácet’, en un alarde de generosidad, que nadie sabe para qué sirve en concreto. Por ahora y este año también, seguimos con la saga de incumplimientos constitucionales. Vamos ya tres años seguidos sin ellos y en 2026 tampoco los tendremos. Toda una legislatura en blanco.

¿Y los del 2027? No se crea el anuncio que hizo el presidente abrasado en el Cercle d’Economía. A pesar de sus nuevas promesas y de sus habituales adornos, en 2027 tampoco habrá cuentas públicas.

Con este Gobierno, con sus reiteradas mentiras, con sus falsedades y sus debilidades parlamentarias, sus cesiones generales y sus pactos suicidas, resulta imposible. Completa y totalmente imposible. De hecho, nadie se lo cree. Podría creérselo la exministra Montero –¿ya no se acuerda de ella?–, pero, en un gesto de generosidad no suficientemente valorada por los electores, se marchó a Andalucía a ofrecer sus rechazados servicios y ya no puede elaborarlos. Ingratos y desagradecidos que son los andaluces…