Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • Atención a los electores que no son secesionistas, pero votan a partidos que sí lo son

En su discurso en el Círculo de Economía de Barcelona, Alberto Núñez Feijóo anticipó que dinamitará la mesa de los traidores en Suiza y el cupo catalán contra la igualdad entre españoles. No les gustó y El País dio cuenta de ello: el dirigente popular “no logró conectar con los empresarios catalanes”. En cambio, Pedro Sánchez, que intervino al día siguiente, “vuelve a convencer más”, señaló el diario sanchista. Pues, sí, eso parece. El líder del PP marcó un gesto de autonomía política que contrasta con la dependencia ovina del jefe del Psoe ante la vieja casta de las 200 familias que, con palabras de uno de ellos, “mandamos siempre en Cataluña, bajo un régimen político u otro”. Una rémora para el futuro de los catalanes.

Urge que Feijóo desenmascare ante sus electores a quienes, como Junts y PNV, exigen elecciones generales ya, pero no hacen nada por provocarlas. Para desmontar esa falsedad “instrumental”, aunque muchos partidarios no le entiendan, el gallego debe dirigirse directamente a los electores de esos partidos y ejercer la pedagogía política necesaria. No puede caer en una trampa similar a la que la banda sanchista le puso a Albert Rivera para hacerle pasar por responsable ante la opinión pública de no pactar con el Psoe. Ahora la triquiñuela está en hacer creer a muchos electores que el candidato del PP es el culpable de que se alargue una legislatura dañina. Ganar las guerras narrativas también importa en las disputas políticas, sobre todo frente a demagogos populistas que solo ofrecen narrativa. 

Atención a los electores que no son secesionistas, pero votan a partidos que sí lo son. Según el Sociómetro Vasco, el 43% de los votantes del secesionista PNV son contrarios a la independencia y solo el 18% se declaran independentistas. Ese electorado se está moviendo, y no en la dirección que les conviene a los peneuvistas. Cuando lo que el Partido Socialista pone en riesgo es la pervivencia de la unidad nacional y muchos electores no tienen conciencia del riesgo, especialmente en País Vasco, Navarra y Cataluña, Núñez Feijóo no puede esperar sin más a que escampe. Que un sentimiento de “inevitabilidad” se haya apoderado de una gran parte de esos electores, exige reacción. Para los desafíos excepcionales, España necesita un liderazgo transformador, no acomodaticio, capaz de cohesionar a una sociedad enferma de polarización. Sí, pedagogía política, aunque muchos de su espacio político e ideológico no aplaudirán a Feijóo. Si bien, tiene la ventaja de un envidiable apoyo popular si se compara con el centroderecha en Reino Unido, Francia, Italia o Alemania.

Posiblemente, a nadie le convenga más una mayoría fuerte de Feijóo que al votante tradicional socialista de centroizquierda. La idea recurrente sobre la posibilidad de una reacción interna en el Psoe que pudiera recuperarlo para la centralidad política es un espejismo para ignorar. Estos días se vuelve a hablar de un enigmático sector crítico. Ramón Jáuregui, por ejemplo, escribió “ha llegado el momento de que el partido reaccione”. Ahora, cuando ya no hay partido. García-Pagepreocupado por la posibilidad cierta de perder el gobierno regional, explica en los platós lo que no se atreve a decir en las sedes del partido que él dirige en su región. Estos días, 60 militantes presenciales y otros 40 por streaming, de 10 federaciones, se reunieron sin dar los nombres “por miedo a represalias”. En fin, el Psoe es ya un motor fundido y no cuenta.

Lo que hoy tiene bloqueada la política española es una “coalición negativa” -de unidos contra- que controla el Gobierno. Su capacidad para resistir nace de su propia incapacidad para gobernar. Es casi imposible su caída, fuera de las urnas, pero será más difícil aún volver a construirla, una vez derrotada. Si la tesis es correcta, vamos a un post-sanchismo con una extrema izquierda estructurada en taifas con arraigo territorial. Chunta de Aragón, Adelante Andalucía, BNG, Compromís, ERC, Bildu, Mes balear, etcétera, serán los más beneficiados. En ese contexto, ya sin Gobierno, como ocurre en Francia, será poco útil votar al Psoe. La defensa de la España constitucional estará necesariamente liderada por Feijóo, al que la banda plurinacional ha marcado como su objetivo de caza.