Ana Sánchez-ABC

  • El aislamiento es el peor mal del líder y comienza sustituyendo a quienes tienen criterio propio por perfiles manejables, aunque carezcan de talento

«Con Rubalcaba esto no habría pasado», afirmaba el miércoles un histórico dirigente socialista para señalar que los escándalos de corrupción del sanchismo han podido germinar no solo por ausencia de moral sino también de inteligencia. Los casos Leire y Koldo-Ábalos comparten no solo a Santos Cerdán como vértice sino una falta de luces que Emiliano García-Page señaló mejor que nadie ese mismo día. «La gente dice ‘bueno el corrupto no lo ha hecho bien’, pero tiende a pensar que son listos. Pues no, también hay corruptos tontos», dijo en un desayuno informativo conducido por Javier García Vila, director de Ep. «Yo no he visto en otros supuestos que la gente fuera dejando tanto rastro. Es una cosa inaudita», añadió.

El presidente de Castilla-La Mancha se refería así al escándalo en sí mismo que supone que personas tan poco brillantes hayan tenido poder durante tantos años. Y a la gran pregunta que surge, ¿cómo es posible que un presidente del Gobierno tuviera a estas personas en su equipo?

La respuesta la dieron esa misma tarde -sin querer- Antonio Garamendi (presidente de CEOE), Elena Sanz (consejera delegada de Mapfre), Josu Jon Imaz (CEO de Repsol) y el exministro Manuel Pimentel. En un coloquio durante la presentación del último libro de Iñaki Ortega (director general de Llorente y Cuenca) sobre liderazgo audaz, todos ellos fueron explicando las reglas de oro que debe seguir todo buen líder que aspire a tener éxito. Les escuchaba una nutrida representación de empresarios, políticos en activo y retirados entre los que aparecían gestos de asentimiento. La regla más importante: rodearse de los mejores. Este es el antídoto para todos los males, pero, especialmente, para el peor de todos: el aislamiento. En el mundo de la empresa lo llaman «efecto burbuja» o «torre de control». En política, «síndrome de la Moncloa» hasta que Sánchez lo convirtió en «bunkerización».

Este mal comienza cuando el líder sustituye a quienes tienen criterio propio por perfiles manejables, aunque carezcan de talento. Es un error de raíz. «Si te rodeas de gente para que tú te lo creas, te estás equivocando», resumió Garamendi. ¿Por qué? Porque un equipo de pelotas confirmará los sesgos del líder y el coste será sistémico para la organización. Las decisiones serán endogámicas, el autocontrol se irá por el desagüe y se perderán tanto la conexión con la realidad como una adecuada capacidad operativa. Nadie mentó a Sánchez, pero no hizo falta. Sus sucesivas purgas de quienes tenían criterio propio explican cómo acabó con este equipo.

«Con Rubalcaba esto no habría pasado», decían el miércoles algunos socialistas. No habían transcurrido ni 24 horas y la frase se tambaleaba. Entre los audios de la UCO aparecía una conversación en la que Leire Díez aseguraba haber tenido una relación «hipermegacercana» con Rubalcaba…