Ignacio Camacho-ABC

  • A Sánchez le quedan tres días de tregua vaticana. La tormenta judicial amenaza con descargar en tromba cuando León XIV se vaya

La sotana del Papa todo lo tapa, pero la Justicia continúa trabajando y los escándalos de corrupción seguirán ahí, como el manoseado dinosaurio de Monterroso, cuando el Pontífice se vaya. La sentencia de Ábalos, Koldo y Aldama es inminente, quizá para antes del fin de semana, y la investigación sobre las cloacas –la más peligrosa para el presidente por la posibilidad de que el partido resulte imputado y él mismo pase por una situación judicial delicada– avanza aunque estos días no ocupe el primer plano de la atención mediática. La tormenta procesal no sólo no ha escampado sino que amenaza con descargar fuertes aguaceros tras la tregua vaticana. A los jueces les gusta irse de vacaciones con las tareas del curso resueltas o encauzadas.

Antes saldrá también el veredicto sobre el ‘hermanísimo’, cuyos abogados parecen haber salido del juicio con ánimo de optimismo relativo. El enchufe ha quedado palmario pese a los matices que sobre sus declaraciones iniciales han introducido algunos testigos –todos dependientes en una u otra forma de la Diputación– y lo que falta por saber es si el tribunal lo podrá o no encajar en algún tipo de delito. La absolución proporcionaría a Sánchez un alivio y le permitiría lanzar una campaña de victimismo; la condena, por leve que resulte, abundará en la sensación de un mandato con la credibilidad bajo mínimos. No es el caso más grave de los que cercan al jefe del Ejecutivo, pero sí manifiesta el sentido patrimonial del poder característico del sanchismo.

Otro asunto, de mayor calado, será la resolución del Supremo sobre el sumario llamado de las mascarillas, que en realidad es mucho más complejo porque se ramifica en decisiones de gobierno demostrativas de un método sistémico. Los magistrados de la Sala Segunda se han tomado un mes largo para redactarla, plazo que sugiere un debate serio y un esfuerzo por sentar doctrina jurisprudencial ante futuros pronunciamientos que inevitablemente tendrá que dictar el Alto Tribunal sobre otros procesos. Más allá de las eventuales penas se prevé una sentencia enjundiosa, con muy probables reproches éticos y sustanciales reflexiones de fondo en torno a la importancia democrática de la honestidad institucional y del respeto a las reglas de juego.

La estrategia defensiva de Moncloa pasaba por presentar la trama de Ábalos como un episodio aislado, una traición de pretorianos que abusaron de la confianza del liderazgo. El problema es que el reventón de las alcantarillas socialistas y la revelación del lado oscuro de Zapatero han desbaratado el relato. Ahora lo que está bajo sospecha razonable es el aparato orgánico y toda una red delincuencial, encastrada en la estructura del Estado, que desborda de largo la teoría de los ‘cuatro gatos’. Ya no se trata de vulgares amaños de contratos: las pesquisas abarcan desde presiones a policías, jueces y fiscales hasta mordidas a gran escala y tráfico de influencias en rescates millonarios. Demasiado lastre para esconderlo debajo de los hábitos del Padre Santo.