Rebeca Argudo-ABC
- La ultraderecha es tan terrible que a cada uno, como a mí de pequeña el coco, le ofrece a futuro la peor de sus pesadillas
Cuando yo era pequeña, el coco era lo peor. Para que no viniese a perpetrar sus atrocidades, como advertían mis mayores, fingía dormir la siesta, no corría por el pasillo y me comía todo lo que había en el plato. El coco era lo peor. Y lo peor entonces, para mí (que ni había visto al coco ni conocía a nadie que lo hubiese visto), eran los terremotos, la posible muerte de mi familia y los vampiros. Así que el coco era un vampiro capaz de provocar con su mente terremotos que aniquilaban familias enteras. Si para evitarlo había que comerse las lentejas, permanecer dos horas quieto con los ojos bien cerrados y recorrer el pasillo en minuto y medio en lugar de en veinte segundos (y cogiendo la curva con un envidiable y estiloso tumbao), pues se hacía. Todo con tal de no verme convertida en una párvula huérfana entre escombros por mi mala cabeza. Ahora, lo peor es la ultraderecha. La ultraderecha es tan terrible que a cada uno, como a mí de pequeña el coco, le ofrece a futuro la peor de sus pesadillas, el horror a medida: las feministas saben (no creen, saben) que, si llega la ultraderecha, se verán recluidas en las cocinas, despojadas de todo derecho (y de carné de conducir y será legal el maltrato); homosexuales y transexuales, que serán apaleados por las calles con la aquiescencia, cuando no el aplauso, del Estado (y ni se podrán casar ni tener trabajo); los separatistas, que verán destruidas las obras cumbre de su cultura y su lengua desaparecerá (y se prohibirá el ‘pa amb tomaca’ y la sardana); los inmigrantes, que serán expulsados sin miramientos aunque tengan trabajo, arraigo y carezcan de antecedentes penales (hasta sus hijos nacidos aquí se tendrán que largar); los intelectuales centristas, que verán desaparecer del diccionario (y de la vida) las palabras ‘consenso’, ‘moderación’, ‘epistemología’ e ‘izquierda verdadera’. Da igual que no sea cierto, que ninguna formación política comulgue con esas ideas: la ultraderecha es el coco. Así, si hay casi una decena de causas judiciales abiertas con más de medio centenar de cargos del PSOE y familiares directos del presidente del gobierno implicados, Rufián ya les dirá que, bonito no es, pero que podría ser peor. ¿Que el acceso a la vivienda es imposible para casi el 75 por ciento de los ciudadanos de hasta 35 años? Imagine si llega la ultraderecha. Lo peor siempre es posible. Por eso, si camina usted por Barcelona o por Belfast y, sin mediar palabra, se aproxima un desconocido malencarado blandiendo un arma blanca (sobre todo si es inmigrante) procure, antes de convertirse en otro hecho aislado, no dejarse apuñalar. Podrían producirse por su culpa protestas racistas, que no manifestaciones en contra de la violencia reclamando seguridad en las calles. Lo peor de una (otra) muerte violenta es que da alas a la ultraderecha.