- Se esperaba mucho, pero ha sido todavía mejor, un viaje lleno de profundas lecciones morales, alegría y buen ejemplo, además se ha visto un gran país
Incluso los que albergábamos mucho optimismo e ilusión ante la visita de León XIV –un Papa prudente, sabio, humilde y firme al tiempo– hemos visto superadas nuestras expectativas. Ha sido tanto por la desbordante respuesta del público como por la claridad y profundidad de su mensaje, imbatible de antemano, por ser el de Jesucristo.
En el encuentro del Bernabéu, ante 80.000 asistentes entusiasmados en una atmósfera de gran alegría, el Papa bromeó con el arzobispo Cobo: «La Iglesia de Madrid ha hecho un golazo». En realidad todo el viaje ha sido un gozalo, de principio a fin. Lo han marcado, con mucho mérito, León XIV, la Iglesia española, que ha estado impecable en lo doctrinal y ha hecho un inmenso esfuerzo organizativo, y todo el pueblo católico, que ha secundado de manera multitudinaria cada aparición del Papa. La visita ha dejado seis golazos:
–El mayor golazo es que por unos días el mensaje de Jesucristo ha resonado a todas horas en España, asomándose a unos medios que sistemáticamente lo ignoran, salvo valiosas excepciones como El Debate. Eso ha sido lo más importante de la visita de Papa, la propuesta de salvación, esperanza y amor del cristianismo. La defensa de la dignidad de todas las personas, en cualquier condición, por frágil o dura que sea. Las llamadas al perdón, la caridad, la paz. La defensa de la bondad, la belleza y hasta los beneficios del silencio, tan necesarios en tiempos donde priman lo cutre, el nerviosismo digital y la voz del que más grita.
A título particular, tres son los momentos que más me han llegado. El admirable silencio de 600.000 chavales rezando totalmente callados en la noche madrileña. Las palabras del Papa, que tuve la fortuna de escuchar en persona, llamándonos con energía a abrir las puertas a Dios, porque «Jesucristo no te quita nada y te lo da todo». Y su aviso de ayer en el puerto canario, cuando dijo a los inmigrantes: «Ustedes no son números ni experiencias, son personas». Porque hay que controlar las fronteras, por supuesto, pues es la base de todo Estado, pero con la debida caridad con los seres humanos.
–El segundo golazo ha sido demostrar de la manera más irrefutable que España ha sido, pero también es, un país católico. Por eso incluso Sánchez, un mandatario que persigue con inquina los valores cristianos para sustituirlos por un placebo resentido que llama «progresismo», se sumó de manera farisaica a la ola e intentó surfear sobre ella, pues era demasiado grande como para confrontarla.
–El tercer golazo ha sido la defensa de la vida que hizo el Papa en su histórico –y aquí el adjetivo no es hiperbólico- discurso del Congreso. Con la firme elegancia que lo adorna, León XIV puso encina de la mesa el gravísimo, el letal error, que suponen el aborto y la eutanasia. Hubo en la Cámara hipócritas que quieren convertir la eliminación del nasciturus en un «derecho» constitucional y que tuvieron el cuajo de aplaudir al Papa siete minutos, sin parar. Pero ahí queda la advertencia moral, que debe hacer recapacitar también a la oposición, pues el partido llamado a suceder al PSOE en el Gobierno se viene desentendiendo de la lucha contra la ingeniería social de la ridículamente autodenominada «coalición progresista».
–El cuarto golazo ha sido mostrar al mundo que España es un país de primerísimo nivel. La alegría cordial que ha imperado en todos los actos, sin un solo incidente reseñable cuando han participado millones de personas. El nivel de las puestas en escena, con el alarde de la Sagrada Familia (aunque uno, si se permite una opinión, en vez de la cara del genio Gaudí en el cielo, recreada con drones y con una cita en catalán, habría elegido la efigie de Jesús y una frase evangélica, pues era su torre lo que se bendecía). También el impecable trabajo logístico. Como telón de fondo, las infraestructuras punteras de un país moderno, combinadas con el impresionante legado monumental de las calles y templos de España. Y por supuesto, nuestro capital humano, con esa alegría fácil que tanto escasea en otros países.
–El quinto golazo es que se ha probado que hay cantera. Se viene debatiendo mucho si es cierto o no el repunte católico que parece vivir España, que alcanza incluso a algunos de sus artistas más señeros. Las riadas de jóvenes que han seguido al Papa no iban a una fiesta, aunque sin duda pasaron un buen rato; atendían, rezaban, buscaban colmar sus vidas con Jesucristo. Nadie quiere ser un envase vacío, un recipiente hueco al servicio de los algoritmos. La juventud española ha demostrado que hay hambre de espiritualidad. Millones de personas con toda la vida por delante no se conforman con los placebos egotistas y victimistas que les proponen los seudo credos de una izquierda woke.
–El sexto golazo es la alegría de ver a Cataluña incorporada con éxito a una gran celebración de toda España, a lo que contribuyeron las razonables y repetidas llamadas del Papa a «la unidad», en una tierra que ha sido muy dañada por el separatismo xenófobo, que esta vez no se ha salido con la suya.
Solo queda darle las gracias a Robert Francis Prevost, por la agotadora paliza que se ha pegado, por su constante buen tono y su inmensa paciencia, por su guía espiritual, su sonrisa que nunca se acaba y también porque se le ha notado mucho su amor a España, su cultura y su lengua (no en vano su segundo apellido es un Martínez de ancestros españoles). Vuelva pronto, que por aquí nos hace mucha falta.