Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • León XIV le habla a Europa sobre inmigración desde las Islas Canarias

El Papa pisó ayer el muelle de Arguineguín y le recordó a Europa que no puede defender la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas. Dejando a un lado lo de la costumbre -¿qué costumbre?-, es curioso comprobar cómo nuestra política le atribuye a León XIV una postura particular, arriesgada, sobre inmigración. Sucede por razones privadas y difícilmente sostenibles. El que dijo que las actitudes de rechazo a los migrantes «no son compatibles con la pertenencia a Cristo y a la Iglesia» no fue Prevost sino Wojtyla. Y el que dijo que los migrantes y las poblaciones locales «forman parte de una sola familia» no fue Bergoglio sino Ratzinger. Los Papas, en realidad, dicen todos lo mismo. De modo que no es León XIV quien pone en apuros a Vox aprovechando que la prioridad nacional pasa por los pactos autonómicos, sino la doctrina social de la Iglesia, que establece, entre otras cosas, el destino universal de los bienes.

Del mismo modo, los Papas, todos ellos, defienden que los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras. Que nuestra política parezca atender ahora con unción a los Pontífices es un fenómeno divertido y pasajero. Otra cosa es que sirva para hacer olvidar que hemos visto al Gobierno oscilar sin inmutarse entre el ‘Aquarius’ y los sucesos de la valla de Melilla y al portavoz parlamentario del PP pidiendo buques de la Armada para defender las fronteras de los cayucos. También a la mayoría de los presidentes autonómicos, salvo honrosas excepciones, hacer del escaqueo en el reparto de menores extranjeros una disciplina olímpica elusiva.

Así, entre la trampa y el teatro, la opción de dar por resuelta la cuestión moral de la inmigración para afrontar rectamente los problemas materiales que la inmigración plantea ni se contempla. Todo se pospone mientras la moral sirve a veces para silenciar los problemas y a veces para neutralizar a quien los señala. Que todo el terreno que en este asunto se cede por temor o incapacidad es favorable al extremismo lo vemos en Belfast, donde la masa cree conveniente responder a un crimen salvaje en términos de civilización: quemando casas. En términos de espiritualidad, y de advertencia, la masa violenta movilizada en Irlanda del Norte por los peores pirómanos es lealista, pero lleva tiempo constatándose una creciente cercanía entre protestantes y católicos a la hora de la persecución del semejante del color equivocado.

  1. Zapatero

    Herencia millonaria

Sabe uno de joyas lo mismo que de topología cuántica, así que, cuando salieron las fotos policiales de las joyas encontradas en el despacho del expresidente Zapatero, no lo dudé: bisutería, alpaca, las joyas de la bisabuela, aquello no valía nada… Parece que me equivoqué. Se asegura que la tasación ordenada por el juez a unos prestigiosos joyeros que han contado con la ayuda del Instituto Gemológico de España supera el millón de euros. El portavoz de Zapatero, Luis Arroyo, dijo en los momentos iniciales que las joyas se correspondían con una herencia familiar y no superaban los cincuenta mil euros. El del expresidente sería así el primer caso en la historia en el que algo que pasa de generación en generación en una familia vale muchísimo más de lo que la familia se piensa. Una gran alegría. Si no fuese porque Zapatero tiene problemas judiciales y el valor de las joyas lo sitúa ante la necesidad de explicar su procedencia y si la Agencia Tributaria estaba al tanto de la existencia de un patrimonio semejante. Quizá el expresidente pueda explicar de dónde vienen las joyas. Atendiendo a las teorías de los últimos días, tampoco debe descartarse que los poderes ocultos dominen el mundo de las tasaciones de joyas -no es improbable: ¿acaso hay supervillano sin anillo suntuoso?-, que alguna potencia extranjera muy poderosa le haya cambiado a Zapatero las joyas reguleras de la abuela por otras buenas o que la lectura intensa de Borges haya provocado en la caja fuerte del expresidente la creación de objetos perfeccionados, como sucedía en el mundo imaginario de Tlön.