Editorial-El Correo

  • La designación de jóvenes candidatos en el PNV abre la carrera electoral por reconectar con nuevos votantes y prestigiar la gestión pública

La confirmación de los candidatos a alcalde del PNV en Bilbao y San Sebastián abre la carrera electoral para las municipales de mayo de 2027 con un renovado perfil en la parrilla de salida. La juventud de Mikel Hildalgo, de 33 años, y de Jon Insausti, de 37, unido a una limitada experiencia en cargos públicos –especialmente en el caso de Hidalgo por su falta de rodaje– desatan un relevo generacional sin precedentes que contrasta con la acreditada experiencia y mayor edad de los aspirantes jeltzales en anteriores convocatorias en los ayuntamientos principales. La apuesta por cabezas de cartel de nuevo cuño para elevadas responsabilidades puede sorprender en una fuerza hegemónica como la jeltzale, pero posiblemente arrastre al resto de formaciones empezando por sus compañeros de filas en Vitoria, pendientes de designar la candidatura.

En realidad, la renovación es el gran caballo de batalla de los partidos, necesitados de revulsivos para reconectar con el electorado y, especialmente, con un votante joven que quizá no se vea concernido por las urnas. El desencanto que genera en la sociedad una política salpicada en demasiadas ocasiones por las malas prácticas y el escándalo puede derivar en la temida abstención, cuando no en soluciones populistas. Sus efectos son devastadores para la acción pública, aunque se produzcan a distancia de Euskadi. Antes, la aspiración era pescar en caladeros ajenos, sobre todo si el candidato tenía carisma y tirón plural. Ahora se trata casi de incentivar la ilusión para no perder votos. Es decir, atajar el desencanto, empatizar con un lenguaje mucho más flexible con los votantes –con los de siempre y los nuevos que se mueven en entornos digitales– y frenar el descrédito generado por la polarización y, lo que resulta más grave, los casos de corrupción y de clientelismo.

Es comprensible que la política busque el recambio en su propia cantera, pero para eso es necesario antes hacer banquillo. En las pasadas elecciones municipales, el cambio asomó tímidamente y de forma desigual por territorios: Álava lideró la regeneración con un 24% de sus aspirantes por debajo de los 40 años, tasa algo más baja en Gipuzkoa (21%) y mucho menor en Bizkaia, con apenas un 14% de electos treintañeros o veinteañeros. La nueva cantera local no solo está llamada a gestionar los ayuntamientos, con el respaldo de equipos competentes que impulsen el desarrollo de ciudades y pueblos, sino que debe servir de referente a la juventud para fomentar la participación.