Luis Ventoso-El Debate
  • No se puede ser xenófobo, pero tampoco se puede hacer el avestruz cuando sufrimos un problema constatado

El bonito y antaño muy bien cuidado jardín de la Taconera es el más antiguo de Pamplona. Data de 1678 y sus 90.000 metros cuadrados separan el casco antiguo y el nuevo ensanche del barrio de San Juan. En sus fosos alberga un pequeño zoo con patos, pavos reales y hasta ciervos, que fascina a los niños pamplonicas, al igual que su Belén navideño.

Personalmente le tengo cariño a la Taconera. La he paseado muchas veces, y además, al casarnos en las Recoletas, que está al lado, nos hicimos las fotos de boda en sus elegantes veredas, no lejos de la estatua exagerada de Gayarre, que presenta al formidable tenor navarro como si fuese una deidad de la Roma clásica. En mis días universitarios en la ciudad, en los años ochenta, alguna vez también pasé por el parque caminando a altas horas, volviendo hacia nuestro piso de Iturrama tras una noche de jarana. Siempre lo hice con sensación de absoluta seguridad, sin la más mínima preocupación. Eran otros tiempos. Disfrutábamos de otro tipo de sociedad.

Este mes no ha tenido tanta suerte un muchacho que regresaba a casa a las tres de la madrugada de un jueves. A la altura del Portal Nuevo de la Taconera fue asaltado por dos jóvenes marroquíes. Le pegaron, le robaron y finalmente lo sodomizaron. Uno de los delincuentes, de 26 años, fue detenido y está ya en la cárcel. El otro ha logrado fugarse. Los agresores vivían en una chabola cubierta con plásticos y semioculta entre unos matorrales.

La noticia me ha asombrado, pues conozco bien Pamplona, tengo familia, voy con relativa frecuencia y la consideraba el epítome de la tranquilidad. Nada sabía de semejante barbaridad y me he enterado solo porque me lo han contado en una cena allí unos amigos, escandalizados por lo sucedido.

¿Y por qué desconocía esta agresión, incluso dedicándome al periodismo? Pues porque la noticia se ha publicado a pequeño tamaño en los medios locales y omitiendo en titulares y sumarios el dato relevante de que los agresores eran dos jóvenes vagabundos marroquíes. Solo Navarra Confidencial se atrevió a saltarse el cedazo de la corrección política para contar claramente a los navarros lo sucedido, situándolo además en su contexto: las agresiones sexuales en Navarra han crecido en el primer trimestre de 2026 un 50 % respecto al año pasado, según el Ministerio del Interior. Además, una notable parte son perpetradas por inmigrantes, algo que se silencia y contra lo que no se actúa con vigor, pues va en contra del buenismo «progresista».

Por una felonía del PSOE, en Pamplona gobierna el partido fundado por ETA, a pesar de que ganó las municipales UPN. Desde que en 2016 llegaron a Navarra los «gobiernos del cambio», las violaciones en la Comunidad Foral se ha multiplicado por tres. Todo mientras se impulsan unas atosigantes campañas de propaganda ideologizada contra las «agresiones sexistas» masculinas.

Un amigo navarro, que trabaja en la mayor compañía de la región, me explica bien la paradoja en que viven: «A nosotros nos obligan a un montón de medidas contra el sexismo y el machismo, cuando toda la gente que trabaja en la empresa es perfectamente normal, con un trato correcto. Pero con esas culturas que están llegando y que sí son machistas no se hace nada. Nos dan la lata a los que no suponemos un problema y lo ignoran donde sí existe». Tal cual.

Tras la violación de la Taconera, los portavoces del Ayuntamiento que gobierna Bildu emitieron una nota de repulsa que incluye todos los topicazos de la izquierda: «Nos reafirmamos en nuestro rechazo a cualquier tipo de agresión sexual, violencia sexista o actitud ‘lgtbifóbica’ que se produzca en nuestra ciudad y nos comprometemos en trabajar para eliminarlas, mejorar la seguridad y garantizar el pleno ejercicio de la libertad sexual y de género de todas las personas en todo tipo de entornos».

La monserga continúa invitando a la ciudadanía «a que permanezca activa frente a cualquier violencia contra la libertad sexual y de género». En lugar de proteger a la población, las autoridades le piden que «permanezca activa» ante las salvajadas.

Bla, bla, bla… pero ni una coma sobre el tema de fondo: la inseguridad se ha disparado porque han llegado personas de otras culturas mucho más violentas y atrasadas (por toda España, cualquier policía con el que hablas te repite lo mismo, que «el problema está sobre todo en los magrebíes»). Además, la situación se agrava porque han venido jóvenes que en algunos casos no trabajan ni estudian, carecen de un techo, deambulan por las ciudades sin nada que hacer y acaban delinquiendo.

No se puede ser xenófobo, como nos acaba de recordar el Papa. Pero tampoco podemos hacer el avestruz cuando en una ciudad como Pamplona ya violan a un chaval que vuelve de fiesta paseando de madrugada. Los problemas hay que abordarlos y el de la violencia sexual se repite por toda España. En la mayoría de los casos, con las mujeres como víctimas y sin que el Gobierno falsamente feminista arquee una ceja ante el hecho cierto de que los extranjeros están sobre representados entre los agresores.