Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Es extremadamente raro que, si las joyas provenían del Rey Abdalá, no estuvieran guardadas en los fabulosos estuches de cuero en los que te las regalan los soberanos de aquella región con el escudo del Rey, en este caso, el de los saudíes

Hay muchas valoraciones sobre la comparecencia del expresidente Rodríguez Zapatero ante el magistrado José Luis Calama. Ha quedado claro que no logró disipar las sospechas manifestadas por el juez en el procesamiento. Y ya sabemos que se negó a contestar sobre las joyas. Y lo que es más relevante, ha conseguido la imputación de sus dos hijas y su secretaria. Un éxito indescriptible.

Los 61 miembros que según Leire Díez integran el Equipo Nacional de Opinión Sincronizada ya se han apresurado a empezar a hacer circular otra versión sobre las joyas. Ya saben: primero dijo Gertrudis, la secretaria del expresidente, que eran joyas de la abuela de Sonsoles Espinosa; después sacaron a Luis Arroyo, de impecable fidelidad a Rodríguez Zapatero, hasta los límites de la verdad y más allá, y nos dijo que no valían más de 50.000 euros. Después de que el peritaje judicial tasara el conjunto de las joyas en un mínimo de 1,32 millones de euros, más de 26 veces el precio máximo que le atribuyó el portavoz de Zapatero, lo que están circulando los 61 es que fueron un regalo del Rey Abdalá de Arabia Saudí en 2007. Muy conveniente por más falso que pueda ser.

El Rey Abdalá bin Abdulaziz falleció en 2015. En 2007 llevaba dos años en el trono, Rodríguez Zapatero tres en la Moncloa y es una fecha que lleva a que prescriba cualquier delito fiscal. Pero eso no es óbice para que Rodríguez Zapatero cometiera un delito entonces, si esta nueva excusa es cierta. Para empezar por no declarar las joyas ni donarlas a Patrimonio del Estado. Según las leyes y el código del propio PSOE, él estaba obligado a hacerlo. Pero hacía normas para terceros. Porque él estaba por encima de la ley. Y es extremadamente raro que, si las joyas provenían del Rey Abdalá, no estuvieran guardadas en los fabulosos estuches de cuero en los que te las regalan los soberanos de aquella región con el escudo del Rey, en este caso, el de los saudíes.

Es conocida la proverbial generosidad de los emires del golfo para con sus invitados y aquellos a quienes visitan. No hará falta decir que a mí no me ha visitado ninguno nunca. He sido invitado una vez al Sultanato de Omán en 1995 en la conmemoración del 25 aniversario del reinado del Sultán Qaboos. Ahí sí recibí un buen regalo: un estuche de cuero con las armas del Sultán y sendas monedas casi de tamaño de medalla olímpica, una dorada y otra plateada, con la imagen del Sultán pintada en ellas. Confieso que 31 años después las tengo guardadas en mi casa. He vuelto muchas veces a Omán, pero nunca más como invitado del soberano de aquel sultanato.

Acompañé en otra ocasión al ministro Miguel Ángel Moratinos en un viaje oficial en el que fuimos a Dubai y Abu Dhabi en días sucesivos, 5 y 6 de marzo de 2006, antes de seguir hacia Afganistán. En la cena de la primera noche me intoxicaron y tuve que abandonar el grupo y regresar a España anticipadamente y por mi cuenta. Desconozco qué regalo hicieron las autoridades emiratíes a mis colegas -y lo hubo- y por lo tanto no sé de qué valor estamos hablando.

Lo que intento confirmar es que ésa era una práctica habitual. Pero, cuando eres presidente del Gobierno, estás más obligado que nadie a cumplir con la legislación vigente y más en aquellas partes que tú has legislado.

Cuando empiezas a circular que efectivamente has violado la ley es porque sabes que no tienes salvación. Tiene que estar muy desesperado. Y cuando procesan a tus hijas por actividades en las que tú las has metido, tienes que ser consciente de que es imposible hacerlo peor. No paramos de mejorar.