Javier Fernández Arribas-El Correo
- El Memorando de Islamabad significa una huida hacia adelante para ganar tiempo
Hacía mucho tiempo que no coincidían una serie de acontecimientos que nos hacen temblar por sus graves consecuencias a corto, medio y largo plazo. Hay sesenta días para lograr un acuerdo real de paz, entre Estados Unidos e Irán, que no signifique una triste claudicación ante el régimen de los ayatolás. El Memorando de Islamabad significa una huida hacia adelante para ganar tiempo. La parafernalia de la firma por parte de Donald Trump en el Palacio de Versalles, y del presidente iraní, Masud Pezeshkian, en Teherán, representaba en sí misma una patética escenografía donde lo único que contaba era demostrar que se firmaba un acuerdo, se pretendía abrir el estrecho de Ormuz y se intentaba minimizar las amplias cesiones en favor de los iraníes que representan más una rendición que un acuerdo real donde se garanticen los intereses de seguridad, estabilidad, control de armas, cese del apoyo a los grupos terroristas y libre navegación en beneficio internacional, no solo de la región de Oriente Medio.
Los grandes buques mercantes y petroleros pueden empezar a cruzar el estrecho de Ormuz, aunque las minas sembradas por los iraníes y otras amenazas van a ralentizar ese tránsito. Asistimos a una patética realidad donde los ayatolás manejan el relato y colocan su triunfo en todos los medios de comunicación del mundo sin tapujos ni pudor. Hasta asistimos a un comunicado del supuesto máximo líder iraní, Mojtaba Jameneí, nunca visto en público desde su elección el pasado 8 de marzo, perdonando la vida y humillando al gran enemigo al afirmar que el presidente estadounidense, Donald Trump, buscó la firma del memorando de entendimiento con «desesperación» y que él estaba en contra del acuerdo, pero lo aceptó por la insistencia del presidente iraní, Masud Pezeshkian.
La realidad es que hay un trío en la cúpula del poder de la Guardia Revolucionaria, encabezada por el general Vahidi, que representa lo peor y más radical de un régimen que se vanagloria de los miles de millones de dólares que va a recibir de sus enemigos, que va a continuar con su programa nuclear, que no entrega el uranio enriquecido, que no reduce la producción de misiles de todo tipo, que no renuncia a apoyar a los grupos terroristas en la región, incluido Hezbolá en Líbano, en lucha con Israel que no cede, y lo más lamentable y grave: se le concede el control del estrecho de Ormuz. La soberanía marítima capaz de estrangular la economía mundial.
Se dan sesenta días para evitar semejante desastre. Mientras tanto, cortinas de humo y distracción, el G7 no decide nada, Giorgia Meloni rompe con Trump, tan feliz con su nuevo Air Force One regalado por Qatar y Topuria apalizado.