Elena Moreno Scheredre-El Correo

  • Los políticos no han estado en el mercado laboral y ni tan siquiera han tenido que acreditar conocimiento para realizar su trabajo

Recuerdo el impacto que muchos sentimos al conocer que la actriz Elisa Mouliaá había interpuesto una denuncia contra el diputado y portavoz de Sumar en el Congreso, Iñigo Errejón. La presunta agresión sexual, según la denunciante, había sucedido en 2021, poco después de que el parlamentario formulara una pregunta al Gobierno acerca de la salud mental de los españoles, que hizo creer a muchos que nos encontrábamos ante un hombre que se vestía por los pies.

El señor Errejón hizo unas declaraciones crípticas que tenían todo el aire de ser inculpatorias cuando comunicó el abandono de la política. Extraigo algunas palabras interesantes: «(…) desde hace diez años ocupo posiciones de representación pública en la política institucional y de altísima visibilidad y exposición mediática (…). El ritmo y el modo de vida en la primera línea política, durante una década, han desgastado mi salud física, mental y mi estructura afectiva y emocional». Vivir desde un balcón donde jamás se pisa el barro debe de afectar bastante. Los políticos no han estado en el mercado laboral y ni tan siquiera han tenido que acreditar conocimiento para realizar su trabajo. Tienen prebendas, condiciones económicas estupendas y el único cometido de asegurarse un lugar donde asentar sus posaderas hasta la jubilación.

Leo, perpleja, que el juez encargado de tramitar la querella que Errejón puso a la actriz por calumnias ha ordenado detener a Mouliaá por no presentarse al juicio después de tres citaciones. El culebrón continúa y, aunque no haya collar de esmeraldas, me gustaría saber qué queda tras la batalla.