- Presentada en Oxford en 2016, aseguran que es una tesis doctoral de gran enjundia, que anticipa mucho de lo que estamos viviendo
En España hay gente de excelente cabeza que resulta desconocida para el gran público. Estudiosos de brillante currículo que han picoteado por las mejores universidades del orbe. Les voy a hablar de uno de ellos, que seguramente no les sonará demasiado. Se llama Diego Rubio, nació en Cáceres y está entrando en la cuarentena. Gasta barba, un tupecillo con laca de peluquería y gusta de posar componiendo careto de tío interesante, una de esas efigies de yo soy súper listo. Y lo es.
Estudió Historia en la Autónoma de Barcelona rubricando el mejor expediente de toda España, con la distinción consiguiente. Luego hizo un máster en Lyon y de ahí saltó a la mismísima Universidad de Oxford, donde se doctoró en Filosofía en 2016. Además, ha pasado por la Sorbona y por Columbia. Ya ven, un coquito.
Aseguran los que saben que la tesis con que se doctoró en el Magdalen College de Oxford está muy bien compuesta y resulta de profundo interés. Su título suena retador: La ética del engaño. Secreto, transparencia y engaño en los orígenes del pensamiento político moderno. Sintetizando mucho y mal, viene a defender el poder del embuste como arma de éxito de algunos gobernantes de leyenda, que supieron aplicar las enseñanzas de Maquiavelo incluso sin haberlas leído.
La tesis doctoral defiende la utilidad de la mentira: «La falsedad no es, salvo en el sentido más formal, una mera discrepancia con un hecho. Es en sí misma una agencia activa y creativa». La trola funciona y está por todas partes, «ocupa un lugar central en grandes obras literarias» y el engaño «está entretejido en el tejido mismo de la naturaleza».
En la web de la Universidad de Oxford, el pensador Diego Rubio explica en inglés que «el propósito de esta tesis es reflejar la importancia que ha tenido el engaño en el funcionamiento efectivo de las sociedades y en el desarrollo de los individuos». «Yo defiendo que el engaño juega un importante rol en la configuración de la modernidad», concluye el erudito.
Y si están bostezando un poco con tanto desparrame filosófico, ahora viene lo bueno. ¿Dónde trabaja este sabio defensor de la utilidad del embuste? ¿Continúa reflexionando en algún campus foráneo de élite? Pues no. Desde hace siete años y seis meses tiene su empelo en Madrid, un interesante curro con el que empaqueta 126.000 euros al año. Además, cuenta con la fortuna de que su jefe directo es otro pensador de campanillas, autor también de una tesis sonada, calificada en su día como cum plagium, un truño titulado Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012).
Diego Rubio disfruta de la inmensa fortuna de que está viviendo de primera mano el engaño desde el poder que describe en su investigación de Oxford. Y es que desde hace siete años y medio trabaja como jefe de gabinete del mismísimo Trolaman. Es el director de la Oficina de la Presidencia del Gobierno en la Moncloa.
Cada día puede ver cómo se hace real su aserto de que «la falsedad es en sí misma una agencia activa y creativa». Puede ver en acción a un gobernante para el que dos y dos son siete y los cerdos vuelan, si así le conviene para flotar en su balsa de cieno. Puede aprender a la vera de un tipo que no siente ni padece cuando miente sobre los más turbios casos de corrupción, algunos instigados por él mismo (según se probará algún día en tribunales). Puede conocer la intimidad de un autócrata que ha engañado al pueblo y ha vendido a su patria a plazos para aferrarse a un poder que no gana en las urnas. Puede escrutar a un individuo de pronto colérico y sonrisa mendaz, que un día extravió su conciencia y ya no ha vuelto a encontrarla.
No es casualidad lo que está pasando en la Moncloa. Es un modo de circular por la vida que hasta cuenta con su tesis doctoral. Tiene que ser fascinante ver a los dos doctores departiendo en la Moncloa sobre cómo seguir engañando al respetable mientras el Titanic del socialismo va zozobrando con su lastre de corrupción y mentiras. Por favor, urge un vídeo para el TikTok del líder: «La ética del engaño, o como la UCO, la prensa libre y el Supremo nos acabaron calzando los grilletes».